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Angélica Gorodischer

agosto 21, 2006

Publicado en La Voz del Interior. 21/08/06.

“Era hora de que una mujer hablara del erotismo masculino”
Un enviado de Su Majestad británica explora, en la época de las invasiones napoleónicas, un extraño país en el que la vida transcurre de un modo muy lejano a los estrictos modales occidentales que regían la vida de la clase alta londinense a principios del siglo 19. Albert-George Ruthelmeyer, el explorador, le escribe a un amigo de Londres sus experiencias en esas tierras de fascinante erotismo que ponen en crisis todas sus ideas respecto de la vida, el amor, el sexo y la amistad. De esas cartas que despliegan –con un lenguaje exquisito– la historia de un cambio de vida está hecha la nueva novela de Angélica Gorodischer, Querido amigo (Edhasa).


La autora de libros fundamentales de la ciencia ficción como la colección de relatos de Kalpa Imperial, vuelve a incursionar en el terreno del relato erótico pero, a diferencia de Mala noche y parir hembra, por ejemplo, aquí la voz narrativa es la de un hombre. Querido amigo indaga en una manera masculina de vivir el erotismo, la pone en crisis, e imagina maneras diferentes: en ese punto la novela atrapa de un modo particular: las palabras parecen formar cuerpos, tocar músicas, aromar ambientes…

Angélica Gorodischer lleva más de cuatro décadas de carrera literaria y evidentemente, como se dice, la tiene clara: “Escribo lo que se me da la gana”, dice, afirmando que su compromiso con la literatura pasa exclusivamente por el placer. A punto de viajar a España para participar en un congreso en Valladolid, la escritora dialogó telefónicamente con La Voz del Interior desde su casa en Rosario.

–¿Cómo surgió la idea del libro?

–A mí siempre me interesó mucho el asunto de cómo se presenta el erotismo en ambos géneros. Tanto es así que a veces he utilizado algún recurso para disimular el género del personaje que estoy presentando. Pero esta vez decidí en primer lugar escribir la novela de un hombre. Hasta hace poco mis novelas eran historias de mujeres. No ideologizantes, por supuesto: no trato de demostrar nada. Simplemente eran historias de mujeres, y ésta es la historia de un hombre. El narrador es un varón. Si durante toda la historia de la literatura los varones han hablado del erotismo de las mujeres, me pareció que ya era hora de que alguna mujer hablara del erotismo de los varones.

–¿Por qué optó por el género epistolar?

–En primer lugar porque no quería caer en la berretada de llamar a las cosas y a las situaciones por sus nombres vulgares, ni tampoco quería caer en la cosa “científica”. De manera que necesitaba un personaje que fuera muy capaz de usar constantemente la metáfora y la imagen. Por eso elegí un diplomático, y además inglés, y lo situé en 1809, la época de las invasiones napoleónicas. Por eso elegí el género epistolar. Siempre me gustó mucho el asunto de las cartas, del diálogo con el otro a través de la mediatización de ese papel que hay que poner en un sobre, hay que franquear, hay que mandar, etcétera… muy distinto a lo que nos pasa hoy.

–Por detrás de la trama hay una reflexión sobre la comunicación, sobre los tiempos de la comunicación…

–Claro. En este momento, si yo le mando una carta a usted, en dos segundos o tres usted tiene mi carta y en 5 minutos yo tengo su respuesta. En aquel entonces podían pasar meses entre carta y respuesta. Y en esos intervalos vienen todas las reflexiones sobre lo que le está sucediendo a este personaje.

Otros mundos posibles

–¿Buscó plantear una crítica a la idea occidental del amor y cómo se debe vivir el sexo?

–¡No! No es exactamente una crítica, sino la comprensión de la diversidad. El personaje comprende que puede hacer el amor de distintas maneras, no solamente como a él le enseñaron en Inglaterra.

–¿Qué dice sobre nosotros la reflexión en torno de nuestras costumbres amorosas?

–Yo no quise mandar ningún mensaje, ni bajar línea, ni criticar, ni nada por estilo. Simplemente quise contar una historia. Lo que yo quiero siempre es contar una historia. Después veremos lo que se desprende de esa historia. Traté de ver cómo podía ser de una manera totalmente distinta la concepción del amor en parejas también distintas, que se conforman de distinta manera y que se relacionan entre ellas de distinta manera. Solamente para decir: el mundo es muy diverso, muy diferente, muy contradictorio. Por suerte.

Una “curiosidad espeluznante”

–¿Suele leer literatura erótica?

–Ni fu ni fa. A veces sí, a veces no. He leído de todo en mi vida. Aldous Huxley dice en un ensayo que alguien que escribe tiene que leer de todo. No sólo literatura. Y yo siempre leí de todo, aún antes de haber conocido ese ensayo. Siempre tuve una curiosidad espeluznante para la letra escrita.

–¿Qué lee mientras escribe?

–Cuando estoy escribiendo una novela trato de no leer novelas. Leo ensayos, teoría, cualquier otra cosa.

–Su libro sale en un momento en el que el mercado está dominado por una fuerte intención realista. ¿Qué cree que puede pasar con “Querido amigo” en este escenario?

–No tengo la menor idea. Yo escribo lo que se me da la gana. Siempre ha sido así, por lo que, bueno, si ahora se escribe realismo, no me importa. Escribí esto porque tuve ganas de escribirlo.

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