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Necesidades afectivas de cuando pierde Talleres

noviembre 12, 2006

Incluso mi hermana me pide paciencia y que no le rompa las pelotas llamándola tantas veces. Que está haciendo algo. Que ya me llama ella.

Dormí hasta tarde, trabajé solo: la redacción estaba vacía hasta que empezó el fútbol. Después me fui a lo del Emilio. Sus hijos jugaban a las escondidas.

Martina cuenta hasta veinte sobre la panza de mi amigo, que le acaricia el pelo. Alejo se escode en la pieza y grita “ya”. Martina busca dos, tres segundos. Algo en su cara enmarcada por su cabello recién cortado anuncia que se le ha ocurrido una estrategia infalible. Grita. “¡Alejo!”. El nene, que viene perdiendo mal, que buscó su escondite pensando en ganarle por fin a la hermana mayor, que movió juguetes viejos para esconderse bajo la cama, contesta: “¿Qué querés?”.
“Piedra libre, Alejo”, le dice Martina, como pidiéndole que no se la haga tan fácil.
Más tarde el Alejo descubre otro escondite: al lado de la puerta abierta –Martina cuenta hasta veinte sobre la panza de mi amigo, afuera en un patiecito, mientras tomamos coca y comemos palitos y le cuento al Emilio que incluso mi hermana me pide paciencia y que no le rompa tanto las pelotas con el telefonito-, se cubre con la cortina. Martina llega a veinte y levanta la cabeza. La gira. Y se ríe: desde el patiecito ve una puerta abierta, un ventanal de vidrio y detrás la espalda del Alejo, que sostiene la cortina nerviosamente.
La tarjeta de movistar que gasté llamando para conjurar el domingo queda de posavasos en una mesita de patio. Alejo y Martina me piden que los lleve a dar una vuelta. Yo miro el reloj y no me animo. Otro día, les digo, y sus caras me hacen pensar que soy un ogro gordo adulto y aburrido. Alejo parece saber que relego su infinita alegría sólo para perder el tiempo leyendo en Internet cómo fueron los domingos de una gente que no conozco ni quiero conocer.

Manejo a casa escuchando un partido de Atenas y cuando llego prendo la PC. Busco debajo de la cama la felicidad del sábado a la noche.

Cuento hasta veinte y la llamo. Piedra libre, Emanuel, me va a decir. Como pidiéndome que no se la haga tan fácil.

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2 comentarios

  1. ¿recibiste mi mensaje?
    Vení hoy a exorcisar tu domingo. Te invito con algo espumante.

    Contá hasta diez, a partir de las 8 estoy acá.

    Abrazo,

    José.


  2. Creo que todos los hinchas de talleres deberíamos tener una Call-line para llamar cuando CAT pierde. Para quue nos den animo, para que creamos que Taiere puede ieagar a algo, vio!?



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