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Sobre Los infiltrados

noviembre 27, 2006

Esta semana la sección Miradas Opuestas de La Voz confronta (atención fanáticos: es fuckin juego, por favor) opiniones sobre Los infiltrados, la peli de Scorsese. 

A favor, Giordano, Santiago, que muy truchamente leyó mis argumentos antes de escribir los suyos, ¡maldito y sensual especialista en música! En contra, yo, con la ayuda de M., que cuando fuimos a verla dijo todo lo que yo digo, pero mejor. A ella le queda bien combatir los lugares comunes.

 A favor:  
La policía es policía

Santiago Giordano
de nuestra redacción
sgiordano@lavozdelinterior.com.ar
Con la policía es como con el póquer: nadie puede estar demasiado seguro de tener el juego más alto. Una película sobre los embrollos, las tensiones, las fidelidades, las traiciones y las jerarquías en el mundo del delito –donde efectivamente vive la policía– puede ser un fondo ideal la combinación entre personajes pintorescos –entre ellos un Jack Nicholson que parece salido de una novela de Joseph Roth o un cuento de Roberto Arlt– y un  triángulo amoroso que desafía la simplicidad propia del polígono más transitado de la dramaturgia de todos los tiempos con complicaciones  previsibles que, si bien miramos, podrían no ser otra cosa que una manera más compleja de la misma simplicidad.
El sabor del filme, además de la mano maestra del director Martin Scorsese que se evidencia en cada toma y en las actuaciones de los protagonistas, está en la ambigüedad moral que anima a los personajes.  Y lo más terrible es que nadie es constructor de su propia moral. El chico malo se afeita y hace planchar las camisas, el bueno anda por la vida hecho un espanto; la mina en cuestión es psiquiatra, lo que se dice una buena piba, pero calentona y curte con los dos. Por otro lado los tipos tienen que hacer carrera, ascender en la profesión de delatores del delito y viceversa para salvarse, porque si no los matan los unos, de eliminarlos se encargarán los otros ¿No es una metáfora de lo real suficientemente consistente para hacer una película?  Seguramente la rata que pasa por la ventana con la central de policía como fondo, al final de la película, es un recurso simple. Pero acuérdese: por esa huevada va a ganar un Oscar.

En contra:
Los chicos malos usan Armani

Emanuel Rodríguez
De nuestra redacción
erodriguez@lavozdelinterior.com.
Buenas o malas, las películas de Martin Scorsese son siempre una lección de estilo. Cada toma, en su concepción visual, es una obra de arte. Y de morir en una sala de cine, querremos hacerlo con una de sus bandas de sonido. Si pudiéramos elegir, claro, querríamos que suene Comfortably Numb para siempre. Sería un funeral original y la música o la fotografía de este filme son sin dudas algo para llevarse al más allá. Luego, el guión parece que no hace juego, tiene, acaso, muchos lugares comunes. Por ejemplo, los personajes: el muchacho malo es pulcro, afeitado al ras, bien vestido, ganador con las chicas y esquivo a todo escrúpulo. El muchacho bueno es más bien desarreglado, barba de tres días, absolutamente escrupuloso aunque capaz de dar una buena piña, y, ante todo, amante con onda. La muchacha es una psiquiatra ultra sensible que se da cuenta demasiado tarde de lo que era evidente demasiado temprano. Y el triángulo amoroso es un cliché tal que una lágrima de mujer embarazada alcanza para que sepamos sin esfuerzo quién es el padre. Es una cuestión moral: el guión de Los infiltrados está fanáticamente ligado a la clásica dicotomía del bien inmaculado versus el mal absoluto, y en ese punto la obra pierde poder de sorpresa, porque su ética anticipa el final, lo hace previsible. Por el universo de valores que la película despliega en sus primeros 20 minutos, y por la fidelidad que el director mantiene hacia esos valores estereotipados, la aparente vuelta de tuerca del final se deja anticipar y se revela como un cliché. Una rata en una ventana, y de fondo la central de policía. ¿No es una metáfora demasiado simple?  

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15 comentarios

  1. Coincido con Santiago Giordano en cada línea. La ambigüedad moral que anima a los personajes es lo mejor de la película.


  2. Yo no veo ninguna ambigüedad moral: los buenos son buenos buenos y los malos son malos malos. No tienen ningún conflicto, sólo fingen ser lo opuesto, pero no son ambiguos, son muy malos (damon) o muy buenos (di caprio).


  3. La moral de los personajes es totalmente lineal. Eso los hace previsibles: Di caprio es bueno hasta el final y muere siendo bueno. Damon es malo, también hasta que lo matan. Di caprio muere como un héroe, Damon como un cobarde. Ergo, la moral de los personajes es tan lineal como la de la película en sí.


  4. No creo que los buenos sean muy buenos, y los malos, muy malos.
    La ambigüedad moral de los personales no está dada por lo que ellos creen que son, sino por lo que los demás (espectador y otros) ven que son.
    Uno ve que Di caprio juega de “malo” para unos y de “bueno” para otros, pero ni él mismo sabe bien qué es y se duele por no poder “ser bueno” y “parecer bueno” en realidad.
    Por otro lado, Damon juega de “bueno”, tiene naturaleza de “malo”, y se duele por no poder tener lo que le correpondería por “ser y parecer bueno” (i.e.la chica y demás…) o lo que le correspondería por “ser y parecer” malo (i.e. Jack N. y su entorno).

    PD: Qué lío!!


  5. pero es que en ese sentido el título te lo está diciendo: Los infiltrados!! o sea: juegan a ser una cosa que no son. Pero, la moral es una sola…la cuestión de las apariencias es el juego de roles que sostiene la trama.


  6. Coincido absolutamente en que “la cuestión de las apariencias es el juego de roles que sostiene la trama”.
    Pero, las apariencias son parte de lo que los personajes “son”. De hecho, lo que “son” y “parecen ser” se debate dentro de ellos mismos (más en Di Caprio que en Damon, por cierto).
    E insisto, desde el punto de vista del observador, una ambigüedad moral (i.e.,acciones en relación con bondad/maldad) anima a los personjes (i.e., los “mueve” en sus acciones).
    Las muertes, por ejemplo, no me parecen líneales (previsibles, tal vez) pero sí absolutamente irónicas: un personaje como Di Caprio, cuando finalmente parece lograr su querer “ser y parecer” bueno, es asesinado absurdamente; por otro lado, un personaje como Damon, cuando lograr “parecer bueno” es capturado y asesinado en la soledad de su departamento como la venganza contra un “auténtico malo”.
    Luego, la muerte los iguala en una síntesis imprecisa de lo que cada uno en verdad son: ambos parecen ser buenos y haber muerto como buenos.


  7. mmmm… no estoy de acuerdo Valeria. La moral de la película es lineal: el espectador nunca duda de quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Y no hay grises, no hay conflictos interiores en los infiltrados, nunca está en juego la fidelidad a sus valores: lo que está en juego es un “hasta dónde” que, por la misma fidelidad a esos valores, es previsible: hasta la muerte. ¿Por qué? Por qué no hay grises, porque es una batalla clásica entre el bien y el mal. Y la muerte no los iguala: Di Caprio muere como héroe, con banderita y todos los honores. El otro muere en soledad y con una rata en su ventana. En ese sentido las muertes sí son lineales. Me parece, claro.


  8. Valeria, creo que vimos dos películas distintas…
    saludos,

    M.


  9. acá Giordano te agradece, Valeria. Y pregunta si no querés ir al cine con él…


  10. Mmm… le diría que sí, pero no me animo.
    (!)


  11. Yo que vos le digo que sí. Más allá de que hizo trampa y me leyó mi nota antes de hacer la suya, es un buen chico. Y se sabe todo el repertorio folklórico de memoria. Mi consejo: andá a verlo al ciclo de charlas “10 golpes de ingenio italiano en la música clásica” o algo así… habla de música italiana. Fijate cuando pronuncia “concerto”… irresistible. Por lo demás, coincido con M., fuimos a ver películas distintas.


  12. Carajo no la ví!
    Voy a tener que!


  13. Cito una parte del texto original: “(atención fanáticos: es fuckin juego, por favor)”.

    “Fuckin juego” ?!?!?!: Dejá de hablar como Petinatto !!!!


  14. dejá de entrar al blog, boludoooo!

    Como decía el abuelo de Sergio Aguirre: ¿Con qué necesidad?


  15. Pobre colega, cree que petinatto fue el primero…
    Ema, entre nosotros, (ninguna relación con el ex programa de TV), no está bueno que alguien te bardee? digo, te da la posibilidad de reconfirmar tu posición y además ¡¡pelear es más divertido!!



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