Archive for 25 noviembre 2006

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Decamerón Cordobés

noviembre 25, 2006

Publicado en Ñ. Sábado 25 de noviembre.

La cordobesidad al palo

Por Mara Balestrini y Emanuel Rodríguez.

Un aristócrata abatido observa a su mucama de pezones oscuros masturbarse frente a un espejo. Una niña pierde la virginidad y deja “un pétalo rojo” en las sábanas. El debut sexual de un adolescente emula la fundación de la ciudad en una plazoleta a la vera del río. Una vagina lleva un diario íntimo hasta que el violador serial le quita para siempre la posibilidad de llorar “lentejuelas turquesas”. Un hombre atrapa los días de su gato en una jaula para canarios. El primer volumen del Decamerón Cordobés despliega veinte relatos desmesurados sobre la intimidad de una ciudad que parece no hablar de otra cosa que de sí misma.

La idea está implícita en el título: cuentos sobre Córdoba. La novedad es que se trata de un colectivo de autores, todos cordobeses, de entre 30 y 60 años, que se reúnen una vez por mes para escribir la ciudad. Hay un elenco estable e invitados, y el proyecto es a largo plazo: los libros serán diez, dos por volumen. El primero, publicado recientemente,  agrupa dos decenas de cuentos: una sobre “los cuerpos” y otra sobre “la soledad”.

Cartografía de la literatura cordobesa actual, el Decamerón esboza los límites de una estética que busca, casi siempre de manera irreverente, desmitificar los lugares comunes de la cordobesidad. La Cañada, los muros de calicanto, el río Suquía y las míticas dualidades de moralistas y pervertidos, iglesias y prostíbulos, dogmas y rebeldías,  articulan el gesto del escándalo: la trasformación de los tabúes de La Docta en fetiches urbanos.

Sexo entre ancianos, masturbación, violación. Consumo de alucinógenos exóticos, locura, soledad: en la elección de sus temas, el libro ataca la mojigatería provinciana y busca escapar de los regionalismos. Sin embargo, ese mismo gesto escandaloso termina, en algunos casos, fortaleciendo la evidencia de aquel conservadurismo. La búsqueda constante de la transgresión le termina cediendo el protagonismo a lo que el texto pretende transgredir.

La primera colección de relatos tiene a la sexualidad como móvil: la ciudad asiste a iniciaciones traumáticas, encuentros furtivos y una violación acaso impuesta por el último gran impacto de la agenda mediática local. Con cierta ansiedad de metáforas, muchos autores encuentran en las maneras de nombrar al sexo la materia de sus textos. Otros apuestan a la extravagancia de la anécdota, a situaciones y seres excéntricos que cuestionan un cierto desborde de normalidad en el ambiente.

La segunda serie habla de situaciones de aislamiento. De seres recluidos que miran por la ventana el devenir de una ciudad de cuya vida no parecen formar parte, por destino o por elección. Aquí los relatos se alejan de los lugares comunes de la primera parte y van en busca de maneras cordobesas de estar solo. La experiencia solitaria opone a los personajes a la imagen clásica del cordobés divertido y en esa paradoja reside lo genuino.

En el Decamerón, Córdoba habla de Córdoba. Un ejercicio poético que propone, cuando asume los riesgos de la originalidad, nuevas miradas sobre el ser cordobés. Y que cuando no lo hace, descansa en La Cañada su versión de postal turística.     
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La brutalidad de los objetos

noviembre 23, 2006

Publicado hoy, en La Voz del Interior.

La brutalidad de los objetos

Por Mara Balestrini y Emanuel Rodríguez.

Como una Renoleta con altoparlantes a contramano por la manzana jesuítica, La sexualidad de Gabriela Sabatini pretende, acaso en vano, algún escándalo. Su mensaje es un juguete rabioso entre los peatones que caminan, indiferentes, sobre la sombra rebatida del Colegio Montserrat. Vicente grita: “¿Tus palabras no atraviesan las paredes? Modifica tus palabras”. Insiste: “No hay nada + espiritual que el dinero”.

El libro reúne textos de Caricatura de un enfermo de amor (1991), La vida en Córdoba (1999), Aviones (2002) y No le pidan peras a Cúper (2003); y reconstruye así una trama de instantes mínimos, a veces reveladores, a veces frívolos, siempre unidos por un hilo de adrenalina.

Vicente Luy es un poeta. Luego, sus datos accesorios consignan que nació en 1961, en Córdoba. Tras la muerte de sus padres, quedó al cuidado de su abuelo, el poeta español Juan Larrea. Su apellido de origen holandés aparece de vez en cuando en los medios desde que en 1994 empapeló Córdoba con fotografías de gente desnuda y la frase “lo esencial es invisible a los ojos”. Vicente no soporta que lo que él dice pase inadvertido; y por eso en su obra todo parece estar a punto de estallar. Los versos hablan de lo que no se habla y la trasgresión ocurre al llevar lo mundano, las prácticas profanas de la cotidianidad, a la esfera de lo sublime, de la poesía. En esta instancia, la sexualidad de la tenista es una metáfora de la intención estética y conceptual del autor: su empresa es vulnerar los tabúes, denunciar el absurdo de la censura, divertirse en la irreverencia y buscar allí algo esencial, instintivo y por lo tanto genuino.

Depilaciones púbicas, masturbaciones, penetraciones, labios: la sexualidad de esta antología es un gesto militante: “Por romper las reglas a Adán lo echaron del paraíso. Yo reivindico eso. ¿Qué clase de Edén es ese, que hay cosas que no se pueden hacer?”.

Su escritura es una celebración de la libertad, y en ese acto su angustia autodestructiva queda relegada por una oscura vitalidad. Por ejemplo: “Mi vida de joven fue extraordinaria, como la de todo joven. Descubrí, amé, penetré lo que amé, y pagué por ello. Ahora otra vez soy joven. Puede parecer poco. Pero eso es todo. Suben a pedal los toros a mi mano llena de pimienta”.

Son versos lúdicos al borde de la sobreexposición insolente y el repliegue ultra melancólico: “He perdido la erección por tercera vez desde que te perdí, y lo voy a festejar, como a todo lo que me recuerda que ya no estás acá”.

Desde el centro del estereotipo masculino, Vicente le habla al pueblo sobre fútbol, política, rouge y sexo oral. Sin embargo, no es vanidoso, lleva ese discurso hacia extremos que lo quiebran, hacia muecas que desnudan su ternura: “Si me equivoco contradíganme con amor, porque con amor digo (…)”.

Arte y vida se vuelven una sola materia sensual y psicótica. Luy no usa las palabras como signos o metáforas sino como objetos que gritan su esencia con brutalidad. Es un dadaísta, un provocador, y su poesía es un mingitorio autografiado estrellándose en silencio contra el pasaje Santa Catalina, justo entre el Cabildo y la Catedral de Córdoba. “¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara. Y si se puede, venderle también otras cosas. Y venderle a dios lo que el diablo no compre”.

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Fuera yanquis de los Estados Unidos

noviembre 22, 2006

Recién llegó un mail.

Subject: INMINENTE REPRESIÓN AL POLO OBRERO.

From: POLO OBRERO. 

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M

noviembre 22, 2006

 

 

Anoche M. pagó el peaje con un muñequito de Apu que le vino en un Jack que yo le regalé. El de la cabina primero miró con cara de qué mierda te pasa, pero después sonrió, sacó un ticket y se lo alcanzó. Gracias, le dijo. Después, como dice Vicente, hablamos de la vida.

 

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Arrest this man

noviembre 22, 2006

 

 

Convenció a todos de que es el mejor y el más valiente periodista político de Córdoba. Se metió con peces gordos y los peces gordos lo persiguen, le mandan mensajes de texto a su celular. Se mete su camisa celeste o turquesa adentro del pantalón, su cinto reluce alrededor de su cintura de periodista perseguido. Va hacia la fotocopiadora y saca fotocopias en pose de periodista perseguido. Toma café como periodista perseguido. Seduce mujeres como periodista perseguido: a las chicas les encanta eso. Puedo morir mañana mismo, nena: hablemos. Comparte el taxi con ellas, les presta el paraguas. Va por la ciudad sabiendo que lo persiguen. Tiene éxito y es el único que habla de cosas muy importantes sobre las que nadie habla. Me hace doler la cabeza.

 

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Piropo

noviembre 17, 2006

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y nacen en abril.

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Agua de Oro

noviembre 17, 2006

 

Hay cuatro pájaros negros en el patio de mi casa nueva

Un perro que reclama la puerta.

Y arañas que escriben tu nombre en la piedra y la madera

Contándome,

Somos dieciséis

Los animales fieles que te esperamos en mi casa nueva.