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Antonio Oviedo

diciembre 15, 2006

Contra las olas de la rutina

Emanuel Rodríguez
De nuestra redacción
erodriguez@lavozdelinterior.com.ar

Como un biólogo marino fascinado en los abismos del océano, Antonio Oviedo busca en cada aproximación a la literatura la mecánica invisible que cifra su ejercicio, los artefactos que disponen la belleza, los gestos que definen un género, una época, una ciudad o un mundo.

Un escritor en la penumbra es una celebración de la lectura. En sus arrimos a las obras de los autores que por agenda periodística o por decisión conforman este canon personal, Oviedo propone ante todo la lucidez. No hay aproximaciones ingenuas en los estudios de un comentarista que en su gimnasia crítica también despliega su propio concepto de la literatura.

El método de Oviedo está, la mayoría de las veces, basado sobre un inquebrantable contraste entre la obra comentada y el universo literario que conforma su árbol genealógico. Como si una palabra no fuera sino los diálogos que establece con otras palabras, del mismo autor o de otros autores con los cuales el parentesco no depende siempre del tiempo y el espacio como sí de las líneas, más o menos sutiles, que tienden los temas y las formas, los espíritus y las personas que hacen a una obra de arte.

El rescate de un combate es en este libro un combate en sí: Oviedo desarrolla en su análisis las estrategias con las que sus autores luchan contra los lugares comunes y las fórmulas trilladas; y en ese desarrollo hay una lucha propia contra los lugares comunes de la glosa, los facilismos del comentario, las vulgaridades rutinarias de la crítica, y la “hojarasca anecdótica” que eclipsa las posibilidades del análisis. Con ese norte, el timón de Oviedo vira hacia la especificidad absoluta, hacia una precisión para la que a veces sólo alcanza la adjetivización de los nombres de los escritores: “el espíritu felisbertiano”, cuando habla de Felisberto Hernández, o “la frase riberiana” cuando se refiere a Romilio Ribero. La elección de los adjetivos, en ese mismo sentido, parece incluso respetar el pulso narrativo que se está estudiando: sobre ningún otro escritor que no sea Juan Filloy, Oviedo escribiría una sentencia que apele a palabras como “chirriante, socarrón y escatológico”. El diálogo entre la crítica y la obra criticada es la aproximación más certera a la literatura, y de ese diálogo resultan las consideraciones significativas sobre la lectura, la escritura, el lugar del escritor y su relación con sus circunstancias. Las recurrencias de esas consideraciones definen el devenir de las preocupaciones críticas del autor, cuya independencia de los problemas tradicionales y estancos de la literatura nacional abre la posibilidad de una lectura original.

Como un biólogo marino fascinado en los abismos del océano, Oviedo explora ante todo la novedad, lo que rompe el curso habitual de las olas. Y en su travesía contra lo automático despliega una particular mirada sobre los dispositivos del arte. Escribe, entonces, de figuras ejemplares y ciudades cuyas calles son como los innumerables hilos que tejen una trama con otra en el telar de este censo aparentemente caótico, que va de Antonio Marimón a Gustave Flaubert, de Oscar del Barco a Juan Rodolfo Wilcock.

Acaso la lectura óptima se esconda en el fondo del mar. Acaso sea, éste, un buen mapa para encontrarla.

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One comment

  1. una critica hacelo mas chistos es decir mas humoristico de mi punto de vista pero esta bueno



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