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Oscar del Barco

febrero 2, 2007

Hace unos días discutíamos con unos amigos sobre lo mágico, lo pavorosamente mágico, que resulta que un tipo como Oscar del Barco viva en una esquina de Villa Cabrera.

Yo le hice hace algunos años una entrevista. Llegué a su casa con 25 años. Salí y ya no importaba el tiempo. La entrevista salió en Ñ. Tampoco importaba eso.

 

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En octubre y noviembre de 2004, la revista cordobesa La Intemperie publicó un testimonio en el que Héctor Jouve, ex integrante del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), relata cómo fueron las ejecuciones de Adolfo Rotblat y Bernardo Groswald (miembros de la organización) en el monte salteño. En diciembre, el filósofo Oscar del Barco envió a la revista una carta (que puede leerse completa en el sitio www.revistalaintemperie.com.ar) en la que se declara responsable de esas muertes por el hecho de haber apoyado al EGP. “Todos los que de alguna manera simpatizamos o participamos, directa o indirectamente, en el movimiento Montoneros, en el ERP, en la FAR o en cualquier otra organización armada, somos responsables de sus acciones”, dice. En uno de los pasajes más polémicos de la carta, el filósofo cordobés afirma que el poeta Juan Gelman “tiene que abandonar su postura de poeta-mártir y asumir su responsabilidad como uno de los principales dirigentes de la dirección del movimiento armado Montoneros. Su responsabilidad fue directa en el asesinato de policías y militares … Debe confesar esos crímenes y pedir perdón por lo menos a la sociedad”. El texto originó un intenso debate del que participaron entre otros Héctor Schmucler, Jorge Jimkis, Eduardo Grüner y Martín Caparrós, en distintos medios. En la entrevista a Beatriz Sarlo publicada en Ñ nº 101, la directora de Punto de Vista también se sumó a la discusión.
–¿Qué motivó que usted se declarase, en la carta a La Intemperie, culpable del asesinato de Adolfo Rotblat?
–En realidad sucedió algo al margen mío, fue algo que sucedió de repente, algo que simplemente aconteció, como una gracia. De pronto, después de treinta años, apareció  algo como un llamado, una voz que preguntaba -estoy utilizando una imagen- ¿qué has hecho? ¿cómo participaste en la muerte de ese chico que estaba tan mal, tan enfermo?
–Lo raro es el tiempo transcurrido, esos treinta años…
–Creo que en estas cosas no hay tiempo. Diría que es algo atemporal. Podrían pasar cien años y sería exactamente lo mismo.
–Pero si usted no participó, ni directa ni indirectamente en el asesinato de Rotblat, ¿por qué se cree o siente culpable?
–La culpa no es fundamentalmente un sentimiento, es ante todo un hecho. Tal  vez sea algo que constituye lo que llamamos hombre. Todo el dolor de las guerras, de las torturas, de la sevicia, de la bestialidad, de la violencia cotidiana, de pronto llegan a la conciencia y la arrasan. Son esa gran carnicería y la infinidad de injusticias, de traumas, de persecuciones, aquí, alrededor de uno y en todas partes del mundo, las que se manifiestan como culpa.
–¿Qué opina de lo que dijo Beatriz Sarlo en Ñ, respecto de esta cuestión?
–Ella dice “todos estábamos de acuerdo…con la liquidación violenta de nuestros enemigos o no necesariamente enemigos”, y punto, se queda ahí. Para mí, por el contrario, ese reconocimiento no sólo es terrible sino que es actual, e implica nuestro ser como ser libre  y, por lo tanto, pasible de ser responsable. Además entiende este hecho, el de la “liquidación” del otro, recurriendo a la idea de “universo ético” (donde no existían los “valores humanos”) y de “configuración histórica”. Para ella, las cosas terminan  en lo ya dado, mientras que para mí es a partir de ese punto que comienzan. La posición de ella conduce a la aceptación y a tratar de explicar lo sucedido, para mí se trata  no sólo de explicar lo sucedido, sino de un reconocimiento de culpabilidad y de un acto de contrición que  no cierran nada sino que abren  a un universo de cuestionamientos.
–¿Es en este sentido que usted acusa a Juan Gelman?
–Yo no acuso a Gelman, digo que si él, como lo afirma en su entrevista a Babelia de octubre del año pasado, considera perentorio “decir la verdad”, él, consecuente y lógicamente, tendría que decir la verdad. Él reconoce su participación, que además es conocida por todos, en la dirección de Montoneros hasta 1979. Pero con esto no basta.
–¿Qué verdad?
–La de los actos, la de las decisiones, la de cómo decidían las muertes, de quiénes las realizaban, de cómo las realizaban, de cómo juzgaban, de quiénes defendían a los acusados, ¿o nadie los defendía? ¿O con decir que fue dirigente montonero, que fue un “revolucionario”, así, en general, es suficiente? ¿Por qué les exige a los otros lo que no hace él mismo?
–¿Todos los que luchaban eran responsables?
–El que se prepara para matar y el que mata y los que apoyan a los que matan, son responsables de sus actos. Y ninguna causa, ningún ideal, justifica el acto horrendo.
–Entonces no se podría hacer nada… No se podría, por ejemplo, hacer la revolución…
–Se podrían hacer una infinidad de cosas… sin matar. En cuanto a las revoluciones, mire usted en lo que terminaron: en masacres, en campos de exterminio, en nuevos y feroces capitalismos… Tanta sangre, tanto sufrimiento y espanto, ¡para terminar en lo mismo!
–De lo que usted afirma podría deducirse que la dictadura militar fue lo mismo que los grupos guerrilleros…
–La dictadura llevó el terrorismo de Estado a un límite insuperable, inimaginable, de monstruosidad. Me atrevería a hablar de una maldad absoluta. Dicho esto hay que reconocer que en un punto la guerrilla actuó de manera semejante: por medio  del asesinato de los considerados “enemigos” (como los llama Sarlo), es decir, mediante una violencia extrema. Creo que la dirección de Montoneros o del Erp también deseaban llevar el país a un estado de inaudita violencia. Como supieron hacerlo Lenin, Stalin, Mao, el Che, etc.
–Para Beatriz Sarlo se trata de las circunstancias o “configuraciones” históricas, ella dice que sus “valores presentes no eran los de ese momento”…
–Sí, pero así, con ese sólo reconocimiento, no se obvian las responsabilidades. Es  fácil decir “ahora tengo otros valores” o “mi ética es inmanente y humana”. Pero aquí están de por medio vidas concretas, muertes concretas, de las que fuimos, como ella misma dice, responsables. Sarlo dice que estábamos dispuestos “a liquidar” (y es cierto, estábamos dispuestos a matar, luego no éramos niñitos inocentes) pero no saca las conclusiones, digamos lógicas, casi naturales, de esa afirmación. Es como si fueran tres o cuatro palabras más, como si se estuviera refiriendo a una piedra, pero si piensa que iba a matar un ser humano, es decir, un absoluto, el único absoluto posible, un ser con padres, con hijos, con novias, con cuadernos, con amores… No es  que “íbamos a matar” sino  que íbamos a matar un hombre con nombre y apellido…
–Pero el mundo se ha hecho así, lo han hecho hombres violentos como los que usted critica.
–Es cierto, pero mire el mundo, mire el horror del mundo que tenemos.
–Pero ¿qué consecuencias se sacan de su planteo? ¿Cómo respondería usted a la vieja pregunta sobre qué hacer?
–No sé… en lugar de la potencia habría que sostener la fragilidad, la vacilación. Al terrible y vergonzoso deseo egolátrico de tener éxito, de triunfar, de ser reconocido, ¿porqué no oponer la reivindicación del fracaso? ¿Quiénes son los “bienaventurados”? Los buenos, los mansos, los enfermos, los sufrientes. ¿Acaso Ezra Pound no estuvo l2 años en un manicomio, acaso Bonino no se suicidó en un manicomio, acaso Vallejo no se murió de hambre, y  van Velde no tuvo que ser socorrido por Beckett, y Juan L. Ortiz no fue pobre como un pajarito, acaso Mandelstam no fue asesinado por Stalin, acaso Celan no se arrojó al Sena? ¿No son todos ellos, los débiles, como dijo Tarkovski, quienes sostienen el mundo? Y no se trata de palabras. Creo, me parece, que no hay otra posibilidad … Son millones…

Links:

La entrevista a Héctor Jouvé que motivó la carta.

La Carta.

Entrevista a Héctor Schmucler, sobre el mismo tema.

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5 comentarios

  1. Para sumar a la discusión. En una entrevista que le hace Javier Quintá a David Viñas, él responde a la carta de Oscar del Bartco: “Es una interpretación idealista, no se mete en la política, qué pasaba, cómo era. Respetable. Se siente culpable, entonces se rasga las vestiduras. Pero Hablemos de política”


  2. che estaria bueno q subas el texto de la entrevista .
    yo lo conozco al hijo y me han contado varias anecdotas muy pintorescas de ese señor. asi q me pica la curiosidad
    saluoss


  3. a q boludo pero si ahi esta
    maldita television ver tinelli me quemo el cerebro


  4. El señor Del Barco está en todo su derecho a opinar de ese modo, su principio “No matarás” no vale menos que otros como vivir en una sociedad más justa o poner lo que esta abajo arriba, etc. Me parecen fuertes sus argumentos y muy valiente su actitud, entiendo que para muchos de su generación debe resultar incomoda la carta y sobre todo para los que vivieron esa situación.


  5. Es valiente el Oscar, sí que sí.



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