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Almudena Grandes

mayo 27, 2007

Entrevista en La Voz del Interior. Domingo 27 de mayo de 2007.

  

“Deberíamos ser tan modernos como nuestros abuelos”

La autora de “Las edades de Lulú” acaba de publicar su novela más ambiciosa. Con “El corazón helado” intenta explicar el presente de España.

¿Qué marcas, paredes adentro de cada uno de nuestros hogares, dejaron las guerras, las dictaduras, los silencios? ¿Qué sabemos de nuestros padres, de las raíces que extienden nuestros árboles familiares por el oscuro suelo de una historia muchas veces callada? ¿En qué tipo de presente vivimos, amamos, comemos, celebramos, con la herencia de todos esos pasados escondidos?
Sobre interrogantes como estos, Almudena Grandes se pregunta sobre su patria, España, y sobre las maneras de la memoria, sobre los incómodos e imprescindibles ejercicios de revisar el pasado, la historia familiar y lo que esconden las fotos ajadas. En El corazón helado, la monumental novela que la autora de Las edades de Lulú y Castillos de cartón acaba de publicar, el pasado reciente de España cifra un urgente conflicto de identidad.
Dos familias, seis décadas de secretos: exilio, ideales republicanos, amores revolucionarios, nostalgias infinitas. Un hombre ve, en el entierro de su padre, a una mujer absolutamente desconocida. Y comienza a investigar, a remover el terrible pasado familiar. Arranca así una historia personal de España, una historia íntima sobre la violencia política, el silencio, las torturas, el despojo.

Almudena Grandes nació en Madrid en 1960. Es de la generación de los nietos de la Guerra Civil que, tras tres años de batallas concluyó, en 1939, con la instauración de la dictadura de Francisco Franco, quien mantuvo el poder hasta su muerte, 40 años después. Desde su casa madrileña, la escritora recuerda cómo comenzó su novela más ambiciosa: “Todo lo que escribo parte de una imagen que encuentro casi siempre por sorpresa, y que me convence de que tiene una historia detrás. En este caso, la novela arranca del entierro del padre de un amigo mío, en un pueblo de la sierra de Madrid”.

–¿Allí ocurrió algo parecido a la primera escena de su libro?
–Sí. Allí vi entrar una mujer, que me pareció misteriosa porque no se acercó ni a la familia, ni a la gente del pueblo, una mujer de ciudad, muy atractiva y elegante. Pensé que era una situación muy novelesca: un personaje ve aparecer a una mujer en el entierro de su padre, y no sabe quién es. Al final, aquella mujer era la prima de mi amigo, o sea que la situación no era nada misteriosa, pero cuando yo me enteré ya se me había disparado la cabeza.

–Ya había comenzado la novela…
–Sí. Y empezó a tomar forma más definitiva cuando me di cuenta de que tenía un triángulo: el que formaban el padre, el hijo y la mujer.

–“El corazón helado” es una novela sobre la identidad española. ¿Por qué le pareció importante situar la acción de la trama en 2005?
–Es una novela que habla mucho sobre el pasado, pero para mí es una novela sobre el presente. Porque el tema de la novela no es tanto la historia como la memoria. O sea, la reconstrucción sentimental del pasado en el presente. Creo que la novela refleja una situación bastante representativa de la la sociedad española de hoy, una dinámica generacional muy clara que hay respecto del tema de la memoria en España.

–¿Cómo es esa dinámica?
–Aquí ha habido tres momentos que se han identificado en forma muy nítida con tres generaciones: en primer lugar, la generación que hizo la guerra y que optó por callar, lo cual en el caso de los vencidos es razonable, por un lado porque no se puede estar rememorando constantemente una derrota, y por otro lado porque en este país en los años ’40 y ’50 era muy peligroso para los niños y para los jóvenes saber de quién eran hijos. Pero curiosamente en este país también los vencedores se han callado. Y eso es más extraño. La segunda generación, que es la de mis padres, la que hizo la transición democrática, se educó en el secreto, en el silencio, y dio por zanjado un pasado que no conocía. La generación de mis padres estableció un statu quo, un pacto de silencio tácito. Y luego llega la generación posterior, la de los nietos, que se pregunta otras cosas: quiénes son, por qué han sido las cosas como han sido. De repente el país ha cambiado completamente. Y es muy curioso cómo ahora que estamos, con respecto a los ´80, 20 años más lejos del franquismo, estamos mucho más cerca.

Almudena hace una pausa y concluye: “La identificación de la novela con un presente inmediato no es caprichosa: esta novela, en 1995 no hubiera sido creíble”.

Memorias familiares.
El corazón helado toma su título de unos versos de Antonio Machado que Grandes ubica como epítome de su novela: “Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Las dos Españas son el resultado de la Guerra Civil, del sueño trunco de la República y de los 40 años de franquismo. La escritora plantea en su último libro un historia familiar de esas dos Españas. “La influencia de la Guerra Civil sobre la gran vida del país se manifiesta quizá con una importancia incluso mayor, porque es más visible y más patente, en las pequeñas cosas, en las vidas de la gente”, dice.

–¿Qué vinculo hay entre la etapa pre franquista y el presente español?
–Hay que pensar que el franquismo fue una interrupción entre dos momentos históricos que se parecen mucho. Estudiando los primeros 30 años del siglo 20 español, me he encontrado con formas tremendamente familiares de articular la vida, con un tipo de discusiones y de situaciones que aparentemente tienen muchísimo más que ver con nuestra vida que con esa época. Porque realmente el gran reto de los españoles ahora mismo es llegar a ser tan modernos como nuestros abuelos.

–¿Cómo influyeron los 40 años de franquismo en la familia española?
–El franquismo fue un gigantesco paréntesis. Ahora mismo en España prevalecen los síntomas claros de los clanes mediterráneos, por supuesto, pero hoy la sociedad española es una de las sociedades más tolerantes y más abiertas de Europa. Respecto de la moral sexual, por ejemplo. Y es un país que ha aceptado cambios insólitos, como pueden ser los matrimonios gays, los divorcios express. La clave está en la religión: durante el franquismo la religión era una dimensión omnipresente de la vida española, tanto en el ámbito público como en el privado. La Iglesia Católica formaba parte del Estado, gobernaba la vida cotidiana desde todas las instancias de poder, desde la enseñanza primaria hasta la alta política, e incluso con la violencia política. Hoy en España se puede perfectamente vivir al margen de la Iglesia, algo que durante 40 años no fue posible.

Equilibrio.
“Nunca he escrito una novela tan difícil como ésta”, confiesa Almudena, quien asume en El corazón helado una tradición literaria preocupada en explicar a España. “La novela era mía; pero el tema, no”, dice, y agrega que “lo más difícil ha sido guardar el equilibrio: quería escribir una novela política pero no quería que fuera una novela panfletaria. La escribí desde el punto de vista sentimental, pero tampoco quería que se me hiciera blanda o sentimentaloide. Ha sido muy difícil mantener una posición, no neutral ni objetiva, pero sí honrada con la literatura, con la historia, y con España”.

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Dictaduras en común

Las preguntas salen desde 10 mil kilómetros al oeste de la ventana de su casa, pero Almudena Grandes sabe que respecto de la violencia política, la sevicia y el exilio, la distancia afectiva entre España y la Argentina no es tan grande.
–¿Cómo imagina la recepción de su libro en un país que comparte con España una necesidad de ejercitar la memoria respecto de un pasado violento?
–Siempre he pensado que hay países de América Latina en los que habría procesos de identificación muy profundos con el libro. Sobre todo en el caso de los países del Cono Sur. Y la Argentina, por una razón doble: por la experiencia de la dictadura y también por la de la inmigración y el exilio. No son casos idénticos, porque en España la dictadura duró muchos más años, pero hay puntos de contacto: los mecanismos del miedo y los mecanismos humillantes de la represión, el silencio que impone, la cobardía, la ignominia, la indignidad, serán parecidas.
–Los efectos de la dictadura sobre la población…
–Claro. Una cosa que a mí me llamó mucho la atención cuando empecé a investigar es que todas las dictaduras humillan a la gente, la envilecen. Es curioso ver cómo en una población no muy diferente a la que yo conozco ahora, de gente bienintencionada, buena, capaz de leer y tener buenos sentimientos, gente valiosa, se llegara a instalar esa especie de complacencia vil con el poder, ese silencio y esa cobardía. Eso es algo que tiene que ver con las personas que han vivido bajo cualquier dictadura.

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El corazón helado, por Almudena Grandes, Tusquets, Barcelona, 2007, 933 páginas. Precio: $ 59.

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