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Santiago Kovadloff

julio 9, 2007

 Entrevista a Santiago Kovadloff, filósofo y escritor.

“Hamlet es moderno porque nosotros somos antiguos”

 

Junto a la psicoanalista Patricia Leyack, el autor de “Ensayos de intimidad” ofrecerá el viernes en Córdoba una confrontación de lecturas del clásico de William Shakespeare. 

“Hay más cosas en el cielo, Horacio, que las que pregona tu filosofía”. Un príncipe atormentado habla con su único amigo fiel. Su padre ha sido asesinado, su madre se ha casado con el asesino. El espectro del rey depuesto le exige venganza. Hay más cosas en el cielo, le dice Hamlet a su amigo Horacio, para que se aproxime a la dimensión de su tragedia.
¿Qué nos dice Hamlet cuando dice que hay más cosas en el cielo? William Shakespeare le hizo indagarse, en 1601, sobre ser o no ser. ¿Qué nos dice esa pregunta trágica cuatro siglos después?
Santiago Kovadloff y Patricia Leyack se han hecho preguntas como aquellas durante los 41 años que llevan compartiendo lecturas, un matrimonio, tres hijos y tres nietos. El tránsito de la intimidad de esas conversaciones al cruce de perspectivas en una conferencia pública es un camino de aprendizajes en el que, el viernes, los cordobeses podrán participar cuando la psicoanalista y el filósofo y escritor presenten “Hamlet al diván. Dos lecturas de una obra ejemplar”.
¿Quién va al diván cuando dos lectores llevan a Hamlet a ese mueble que los lugares comunes de la cultura han asociado para siempre a la caricatura de un interpretador de sueños con cara de Freud? ¿Cuántos otros lugares comunes –sobre la intimidad, sobre los alcances de la lectura, sobre la real vigencia de una obra clásica- desarma la sola idea de un diálogo entre lecturas?
Santiago Kovadloff está en su casa. Dice que Patricia ha tenido que salir a llevar a una de sus hijas a algún lugar de Buenos Aires. “Intentemos una semblanza en la que yo pueda representarla”, dice. El traductor de Pessoa, que el año pasado visitó Córdoba con un espectáculo en el que, justamente, recitaba poemas del autor lusitano, explica en nombre de la pareja que “Hamlet es una de esas obras que propician la convergencia entre campos de reflexión, por ejemplo, en este caso, entre el psicoanálisis y la filosofía”. El autor de Una biografía de la lluvia demora su discurso, como si cada una de sus palabras pasara primero por una serie de aparatos que verifican su pertinencia. “Abordamos Hamlet desde la filosofía y el psicoanálisis para evidenciar no sólo su riqueza, sino la complementación con que pueden operar ambos campos en el intento de caracterizar la cultura”.

Interrogar a la letra
¿Qué preguntas le puede hacer el psicoanálisis a Hamlet? Santiago Kovadloff cita a su compañera: “Desde el punto de vista psicoanalítico, la obra se presta a ser leída como reveladora de los dilemas de una subjetividad atormentada entre el deseo y la realidad, los dilemas que caracterizan las relaciones entre lo conciente y lo inconciente”. Ahora bien, ¿cómo es que una obra dramática va al diván? ¿Cómo determina el psicoanálisis una distinción entre un paciente y un libro, entre un caso clínico y una obra de arte? Kovadloff sonríe y responde: “El psicoanálisis no formula interpretaciones clínicas sobre la obra, porque la obra no es un sujeto,. Lo que hace el psicoanálisis es entender la obra como reveladora de conflictos de interés teórico. Es decir, de conflictos que luego en la clínica aparecen como significativos”.
El joven Hamlet vive en su tragedia conflictos de una actualidad perturbadora. El filósofo opina que en ese punto “el pensamiento crítico literario y filosófico nos enseña que si una obra como ésta, dada a conocer en 1601, tiene vigencia y es actual, eso se debe al hecho de que nosotros, que hoy la leemos, somos antiguos”.
Kovadloff parece militar por la confrontación: su manera de abrir un espacio para pensar tiene punto de partida en la paradoja: la modernidad de una obra antigua, cotejada con la antigüedad de un lector moderno. “Esto habla –explica el escritor- de una cierta continuidad en el tiempo de dilemas estructurales del sujeto, que pueden ser leídos desde la crítica literaria y desde la filosofía también como expresiones de los dilemas de la modernidad”. ¿Cuáles son, entonces, los dilemas de la modernidad? “Están planteados en Hamlet –asegura- y yo los resumiría en una sola sentencia. En el siglo XVII Inglaterra prueba que puede empezar a colonizarlo casi todo, el ‘casi’ se debe a que Shakespeare le enseña que la subjetividad no puede ser colonizada por la voluntad de poder”. De pronto una lectura de Shakespeare es un espacio de resistencia. “Esa voluntad de poder está acotada por una espiritualidad que se resiste a caber en la caracterización que pretende hacer el anhelo de posesión”.

Claudio, un personaje del siglo 21
El joven Hamlet, que termina la tragedia siendo ya un hombre, escenifica el conflicto entre lo que uno quiere ser y lo que uno es en realidad. Horacio, por su parte, lleva a escena una idea de amistad que trasciende el desastre: él es el único amigo fiel de Hamlet, y quien cuenta luego su historia. Pero Claudio, el asesino, tiene todos los números para ganarse el premio al personaje más “siglo 21”: pura voluntad de poder, pura ambición. Es un asesino de pensamiento maquiavélico. Aun una lectura ingenua permitiría identificarlo de inmediato con significados activos en la cultura contemporánea. En ese punto, es un personaje sobre el que es interesante preguntarse. Y, claro, preguntarle a Kovadloff: “En primer término le diría que entre Claudio y Hamlet padre no hay mayores diferencias desde el punto de vista de su indiosincracia y de su comportamiento. Ambos están más cerca de lo que Hamlet hijo desearía. Y por eso creo yo que Hamlet hijo se empeña tanto en distinguirlos, porque presiente con horror que se parecen demasiado. Y ¿en qué se parecen? En lo que tienen de inescrupulosos, de perversos. Y en la idea de inscribir lo real en el plano de un recurso del poder. Lo real está al servicio del poder, o no tiene sentido. Claudio es un personaje contemporáneo en tanto refleja acabadamente la imposibilidad de que el sujeto tenga otra identidad que aquella que le confiere el poder”.
-¿Por qué, si Claudio es tan perverso, Hamlet demora su venganza? ¿Qué relación hay entre la personalidad de Claudio y la famosa inacción de Hamlet?
-Lo que inmoviliza a Hamlet no es el escrúpulo que le impide asesinar a Claudio sino no poder distinguir demasiado a Claudio de su propio padre. Lo que el espectro le evidencia a Hamlet hijo es que entre la víctima y el verdugo no hay demasiada distinción. Entonces él no sabe si al asesinar a Claudio no estaría satisfaciendo las necesidades de otro Claudio, que es su propio padre. Y esto lo atormenta. Alli hay, entonces un campo subjetivo de enorme interés para el psicoanálisis, porque la ambigüedad de lo real, lo que hay de difuso en las fronteras entre lo nocturno y lo diurno, entre lo conciente y lo conciente, vuelve a insinuarse con una fuerza sumamente sugestiva.

Encuentros
-¿Cuál es el principal desafío que plantea la confrontación de lecturas?
-Intentar mostrar que es posible ejercer un diálogo entre las ciencias humanas. Aspiramos a hacer evidente que filosofía y psicoanálisis pueden ser interlocutores, pueden complementarse en el intento de caracterizar la época en la que vivimos, y el significado de la tradición en esta época. Es un desafío particularmente intenso en una era que ha privilegiado la fragmentación en el campo del saber, es decir la diáspora de las especializaciones.
-¿Y cómo operan la intimidad, el matrimonio,  la familia, en ese diálogo?
-El hecho de que nosotros podamos compartir un espacio de reflexión pública, en todo caso, escenifica la vida que llevamos. Patricia y yo estamos casados hace 41 años, somos, entre otras tantas cosas, dos amigos que han sabido sostenerse en el intercambio de ideas, sin que esto implique la homologación de nuestras perspectivas, ni la reducción del punto de vista de uno al del otro.
-Ese tipo de diálogo abre otra lectura sobre la lectura en sí, en tanto plantea una pregunta acaso grandilocuente pero significativa: ¿Puede una lectura ser un acto de amor?
-Efectivamente. Es hermoso eso. Nosotros somos ante todo dos personas que han celebrado juntas la posibilidad de compartir la lectura de Shakespeare. Y poder hoy llevarlo a un escenario público es en parte un acto autobiográfico: es una afirmación razonablemente optimista de que el tiempo no necesariamente deteriora el sentido de un encuentro.

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“La palabra es metáfora, siempre”
¿Por qué sentar a Hamlet en el diván? ¿Qué puede responder a las preguntas del presente? Santiago Kovadloff y Patricia Leyack parecen retar al lugar común de la novedad. Desde sus lecturas de una obra clásica, la novedad puede aparecer como un lugar seguro, una comodidad. En lo que dice una letra escrita hace cuatro siglos hay, en cambio, una oportunidad. “Toda obra clásica lo es porque interroga al saber de la época que lo lee. Le plantea interrogantes sobre su propia idiosincrasia –aseguran-. Nosotros podemos decir que al interpretar Hamlet desde nuestra perspectiva contemporánea en realidad estamos trazando una biografía del saber de nuestro tiempo. De sus prejuicios y de sus alcances. De sus posibilidades y de sus inhibiciones”.
Y desafían también a la versión ramplona de la crítica literaria contemporánea: esa versión de la lectura como acto de clausura de una obra, la crítica como un juicio definitivo. Para Kovadloff la lectura debe activar otras lecturas: “Hay una tendencia fuertemente dogmática que aspira a reducir la palabra a lo literal. Y el tema es que la palabra es metáfora, siempre. Leer es interpretar: al hablar de lo que llamamos ‘lo real’, estamos interpretando. Y lo real se ríe de nosotros, porque no se agota en nuestra interpretación. Entonces siempre estamos restringiendo el campo de lo significativo a nuestras posibilidades de interpretación”. Y concluye: “La exégesis no encuentra su sentido en la posibilidad de agotar el campo de lo interpretable sino en promover incesantemente interpretaciones que generan nuevos diálogos, nuevos encuentros, y nuevos desencuentros entre intérpretes”.

Conferencia
“Hamlet en el diván. Dos lecturas de una obra ejemplar”, por Santiago Kovadloff y Patricia Leyack. El viernes 13 a las 21.30 en el Auditorio de la Universidad Empresarial Siglo 21, Ituzaingó 484.
Entradas: $ 30. Ya pueden adquirirse en la sede de la UE S21.
Informes. Teléfono: (0351) 420-4070.
Organiza: Escuela de Posgrado de la UE S21.

Publicado en La Voz del Interior, el domingo 8 de julio.

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