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Que me toques el pelo

agosto 19, 2007

 

Las Miradas Opuestas del diario tratan sobre Soñando despierto. Quiero decir que es una de las películas más bellas que yo haya visto pero mi defensa de ella es muy inferior al ataque de Celina Alberto. Sé por Celina misma que le encantó la película, que quiere verla de nuevo y en el cine. El encargado de pegarle a la película se fue, y Celina ocupó su puesto. Yo hice lo que siempre hago: un subjetivismo atroz, cero crítica, pura emoción, una mierda que sólo entienden mis amigos. Ella, certeza absoluta. Le pega a Gondry, pero dan más ganas de ir a ver la peli después de su ataque que después de mi defensa. Quiero decir que por cosas como estas admiro a mis amigas.

(+) La vida es sueño
Por Emanuel Rodríguez

La distancia entre los sueños y la realidad es una convención social, uno de los límites que le ponemos a nuestras posibilidades de vivir como dioses. Que lo que ocurre cuando tenemos los ojos abiertos sea más real que lo que ocurre cuando los cerramos da menos miedo, y mantiene a los psicoanalistas ocupados.

Pero en los sueños yo soy más yo que frente la computadora del diario, lo juro. Michel Gondry lo supo, y filmó una pregunta sobre cómo limitamos nuestras experiencias sensibles.

Además, dirigió una película para que toda ella sea una alucinación de desmayo, una explosión de imágenes como esos paisajes de duermevela en los que se nos ocurren las mejores ideas para enamorar a las mejores chicas. Hacía mucho tiempo que no salía del cine con la sensación de que algo había cambiado en mi manera de entender las cosas que me cuesta entender: el amor, por ejemplo, o la capacidad que podemos tener los hombres para ser dioses (la tragedia según Hölderlin: el hombre es un dios cuando sueña, y un mendigo cuando piensa).

En busca de la matemática de los sueños, que es la matemática del caos, Stephane, que es Gael García Bernal, intenta enamorar a la chica equivocada. A las lindas no les gustan los hombres sensibles como para pasar el resto de sus vidas. Pero Stephane va. La sueña.

En sus sueños Stephane es un dios y ella suspende nubes de algodón en el aire. Quizá cuando despierte se vea abrumado por una ciudad hostil y una versión espantosa de la realidad. O acaso cuando despierte su chica lo ame sin que él lo sepa. O acaso no se trata de despertar o soñar, de saber la diferencia. Quizá no haya diferencia y yo soñé que vi esa película definitivamente extraordinaria. Michel Gondry me enseñó que ya no importa. La belleza es independiente de cuán abiertos tengamos los ojos.

(-) La herida absurda
Por Celina Alberto

Sufre, sufre, que algo quedará. Michel Gondry buscó en el fondo de sus delirios y encontró la versión imposible de un amor posible. Un chico tan lindo como Gael García Bernal, encaramado en cierta incapacidad de distinguir sueños de vigilia. Ella, en la puerta de al lado. La chica de acá a la vuelta, esa de la que parece imposible enamorarse como se enamora Gondry de sus personajes.

Esta vez Gael le hace el favor de ponerle un cuerpo magnético a la acción y con sólo mirarlo es posible atravesar la espesura barroca de efectos visuales en los que se excede la película. Todo lleva a una ilustración reiterativa de lo que sucede en los estados alterados de Stephane (Gael). Enamorado de las posibilidades del celofán, Gondry lo pone en todas partes, después se explaya en situaciones stop motion y escenarios de cartón corrugado, como para enrostrarle a la artillería tecnológica de los efectos especiales de última generación que la poesía se lleva mejor con los recursos escasos y la creatividad en ebullición.

Soñando despierto se excede también en la intensidad absurda del enamorado sufriente. El chico ama mucho, ama como un desubicado, se va de mambo y atosiga a la chica con su universo delirante. Pero su locura es adorable y por eso se le perdona lo que en un viejo feo parecería patológico.

A todo esto se le suma la experiencia de videoclip a la que Gondry no puede resistirse. El preciosismo de la imagen le gana por varias cabezas al cuidado por el argumento, que apenas alcanza para justificar un corto de 15 minutos y desaparece de a ratos en metáforas de interpretaciones múltiples y vagas. Pero todo esto, todo lo mucho en lo que se empacha Gondry, es también su mejor argumento para ganar terreno en las almas sensibles. Para ellas.

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2 comentarios

  1. Cierto Ema, tu defensa es emotiva. Celina te caga a palos cuando dice que el argumento alcanza para justificar un corto de 15 minutos y desaparece de a ratos en metáforas de interpretaciones múltiples y vagas. Igual, aguante la defensa absurda de la belleza.


  2. Tu defensa es honesta y es del más puro estilo Emanuel. Y la opinión de Celina es tan inteligente que, tocándole por rol ser la crítica, hizo un comentario que, después de leerlo, no sólo me dio ganas de ver la película sino también de comprarla para poder verla más de una vez. Algo parecido hizo Sarmiento con Facundo, ¡cómo lo admiraba!



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