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Señales. Dariomerlo | Allen | Haddon

septiembre 30, 2007

Hoy, en el suplemento temas.  

Somos mujeres de valor

¿Qué riesgos hemos de asumir, hoy por ejemplo, para que la vida tenga sentido? ¿Quiénes somos? ¿Qué tanto podemos soportar de nuestros cuerpos y nuestras miserias? Lo mejor de 13 historias de mujeres bizarras son los riesgos que asume, las preguntas que deja, su potente erotismo sin las afectaciones de la literatura que está de moda. Laura Dariomerlo es una mujer bizarra, valiente. Con la osadía que le permite la belleza de las imágenes que puede generar, comienza su primer libro de cuentos con una forma en desuso al límite del cliché y la ingenuidad: un diario íntimo, una historia de amores cruzados en una estancia de campo. Desencuentros de la clase alta. Pero el cuento supera esos riesgos. La historia gana en originalidad, y más aún en imágenes sugestivas, perturbadoras. De nuevo, desde la ingenuidad de la forma, Laura Dariomerlo construye una peripecia intensa, alucinante. Esquiva los lugares comunes del “relato de mujeres”, busca y logra una sensualidad delicada y peregrina, extraña. 13 historias de mujeres bizarras es además un despliegue de las zonas de la fábula pop que marcó la producción de sentido de la generación que nació en la segunda mitad de los ‘70: los cuentos de este libro mantienen un divertido diálogo de admiración crítica con el cine y la literatura de fantasía, de Stars Wars al Señor de los Anillos. En ese punto, 13 historias de mujeres bizarras traza una epopeya de la imaginación. Con los riesgos de imagen que supone hablar de hadas que nadan en la costa atlántica argentina, por ejemplo, o de un cuento que sale mal y deja un agujero en el piso del departamento de la escritora, un agujero por el que el vecino de abajo le puede ver la bombacha, Dariomerlo edifica una casita de muñecas histéricas y amables, seductoras y caprichosas. Una casita de muñecas en la que me quiero quedar a vivir para siempre.

Somos un chiste de Woody

Amamos tanto a Woody que le perdonaremos incluso su último libro. Pura anarquía es una pequeña antología de las que parecen ser las últimas buenas ideas graciosas de Allen, mal acompañadas de momentos incómodos. Nunca me reí tanto como con Cuentos sin plumas, obra maestra de la literatura de humor. Es probable que sea el libro que más veces leí. Es inagotable: la estructura del chiste en sus variaciones más inspiradas. Con ese libro Woody enseñó a escribir humor. Pura anarquía no logra tanto. Hay que conformarse con algunas ideas brillantes con sabor a mal concluidas: un hombre que logra levitar pero no puede luego bajar a tierra, un doble de actor que es raptado porque lo confunden con el actor principal, un par de oficios extravagantes y algo difícil de definir que hizo que la literatura de Allen dejara de ser alucinante para quedarse en apenas simpática, entrañable. Amamos tanto a Woody que a pesar de todo guardaremos su nuevo libro entre nuestros más queridos objetos, como una ofrenda a lo felices que nos hizo. Y porque hay un personaje que encuentra un luminoso modo de vencer su miedo a la muerte. Se muere.

Somos una familia de miedos

Un experimento sensible de Mark Haddon. No parece, en absoluto, pero el libro alcanza profundidades interesantes. Con un lenguaje simple, que se aleja del registro juvenil sólo por algunas escenas de sexo rutinario, Haddon pone a sus personajes frente a miedos comunes, miedos que parecen tan intrascendentes que nunca los enfrentamos. El miedo a la soledad, por ejemplo. El miedo a la compañía. El miedo al ocio, el miedo que le tenemos a las personas que nos rodean. A los personajes de Un pequeño inconveniente no les queda otra que enfrentar esos miedos. Desde una versión cotidiana y senil de hipocondría hasta la angustia que provocan las inclemencias de la cotidianidad, el narrador cuenta una épica urbana familiar en tono de cuento para niños. Y te deja con la boca abierta y con un ímpetu imperioso de ordenar tu vida, llamar a la chica que creías que no era para vos y decirle “Dios santo. Necesito urgente bailar un rato”.

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One comment

  1. Hola, permiso, hace mucho que no pasaba por acá. No voy a dejar comentarios de cada post, pero: quiero leer el libro de Dariomerlo (si hasta me aprendí el apellido), ¿ya está en librerías?. Quiero saber qué fue de la coreuta (no me digas que la ya olvidaste, en estos casos los caballeros sí deben tener memoria). Igual, te daba la rosa para otra si no, tonto. Y dejo besos, grullas y caritas de culitos orientales.



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