h1

Plan / 8

marzo 5, 2008

Mi amiga tiene al Novio contra la pared y una de sus manos está ya en la cintura del chico, jugando con el cinto y el pasacinto entre los dedos. De las frágiles costuras de ese pantalón pende un hogar hecho pedazos y a mi amiga eso simplemente le encanta. Eso la pone a brillar: cada uno de sus movimientos es sencillo y contundente: los dedos en el pasacinto a veces se meten entre la remera y la piel de la cintura del Novio, y al mismo tiempo el otro brazo de vez en cuando se acerca al pecho, a los hombros, al brazo. Y otras veces a su propio pecho, al escote, al cuello. No puedo saber de qué hablan pero mi amiga sabe buscar temas cuya conversación implique tocarse, culminar el sentido de las palabras con gestos que ella además convierte en una danza al borde de un óleo surrealista destrozado en pedazos.
La Novia los mira pero su semblante ya no es el de una leona que protege a la manada. Más bien tiene cara de venganza. No entiende nada pero quiere venganza. Y yo estoy frente a ella, en una mano tengo un disco de Aristimuño y en la otra su arrojo.
Me pregunta cómo hacemos. Estira el sonido de la ce, la transforma en la versión mínima de un aullido de furia.
Los demás a veces miran, sonríen nerviosos.
La chica de la tela roja comenta algo con el chico de la remera a rayas y quiere sumarse, torpemente, al desconcierto, a esa versión ligeramente cómica y barata de una fiesta swinger que parece ser el rollo entre mi amiga, el Novio, la Novia y yo. Entonces pasa su lengua de manera obscena por sus labios ya despintados y abre la boca: toda ella es una bola de cristal en la que se ve un futuro posible, un futuro en el que la chica de rojo me está chupando la pija.
No lo quiero, no lo necesito: levanto un vaso del piso, le cargo cerveza y brindo en el aire. Quiero ser elegante, rechazar ese gesto pornográfico con actitud de propaganda de Cinzano. La Novia me pregunta qué le pasa a su propia amiga, por qué hace eso. Le digo que sería tan difícil explicárselo que tendría que escribir un cuento largo, una nouvelle vague de clase media cordobesa. Pero yo no soy escritor.
-A mí me gusta lo que escribís.
-A mí me gusta cómo bailás. Y por lo que creo, me gusta cómo besás.
La Novia está tan ebria como yo y me abraza por el cuello y acerca su cabeza, la frente hacia delante, a la mía. Chocamos, quedamos con las narices enfrentadas, nos sentimos uno a otro el perfume rancio del cigarrillo y sonreímos, primero, y reímos, después. Entonces dibujamos una forma precisa, una especie de gota: las frentes pegadas, los mentones alejados, los cuellos a 45 grados, los pechos encorvados hacia fuera y las caderas completamente unidas. Siento su pubis: la tela del vestido es suave y mi pantalón parece a punto de soltar una canción enardecida.
Las carcajadas no se imponen sobre la música pero la escena llama la atención de Eugenia y de su chico. No quiero mirarla no quiero mirarla no quiero mirarla y cuando la miro a ver qué hace me está mirando con compasión y parece querer escribir con las cejas ay chiquito, ay chiquito.
Entonces beso a la Novia. La llevo contra la pared, la encierro entre mi erección y los ladrillos y tengo la sensación de que beso no a una mujer sino a una materia hecha de todas las mujeres de esta noche larga, imperfecta, cruel. A todas menos a la que estoy efectivamente besando: la lengua de Rocío, los labios de Eugenia, los dientes de la chica de rojo, el aliento alcohólico de la dueña del bar.
Entre el estruendo de la música escucho o creo escuchar un sonido levísimo, de tela que se rompe: miro a mi amiga, al Novio. Ella tiene en sus dedos el pedazo de jean que antes era el pasacinto del pantalón de él. Juega con la tela entre los dedos mientras se deja tocar el culo como si ella fuera una pileta y el Novio un nadador.
Eugenia me guiña el ojo cuando su chico no lo ve y casi inmediatamente me mira como para mandarme a la puta que me parió. Mueve los labios para decirme algo a la distancia. Leo su boca.
–Voy a amarte siempre, siempre.

Anuncios

7 comentarios

  1. Ay, ¡Qué lindo que se puso!
    Asi que los amigos no solo lograron el objetivo sino que lo contagiaron.
    Good.
    Apurá el folletín que quiero saber el final ¡iá!


  2. Besar en una mujer todas las mujeres, salvo la que se está besando; apretar una mina contra una pared, y la mujer amada aún revoloteando espectralmente. Ambas opciones barajé. Quizá porque soy de clase media. Probablemente porque soy un intento de escritor. O, simplemente, porque soy hombre. Y he vivido.
    El final no me interesa. Jugaste bien mas de 3/4 del partido. La popu te aplaude con todas las palmas. La platea una tímida aprobación: se sabe, son pechos frío.



  3. ¿Viste cómo la mujer amada se las arregla para hacerte que lo que hagas con otra mujer que no sea ella está mal? Y después de leer esta parte creo que lo que hiciste está “mal” (¡?)


  4. nada está mal, nada está mal, nada está mal…


  5. Descubrí el Plan hoy tan jueves tan nublado, que si era viernes me la cortaba.
    Eugenia es un nombre fantástico, pero la fantástica es la Amiga y el muchachito de la historia debería amarla siempre siempre y procurarle un hogar indestructible.
    Avanti que está buenísimo.


  6. que no termine! no miro tele y esta es la novela del año!



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: