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La inflación

abril 22, 2008

Publicado el domingo en La Voz del Interior. El personaje de la semana fue La Inflación.

¡Pum para arriba!
Como una versión perversa de la diferencia entre la temperatura real y la sensación térmica, la distancia entre el índice oficial de inflación y los precios reales provoca una indignación que, además, es toda una tradición argentina.

Martes. Tres de la tarde. La cara se le transforma. De la misma manera en que una nube cambia de forma intempestivamente por acción de una tormenta, la cara del cliente se transforma de repente en una postal de la indignación.
–¿Cuánto vale?
–480 pesos.
–¿La tonelada?
–La tonelada.
–¿Cuánto?
–480 pesos.
–No puede ser. El mes pasado costaba 300.
–Es por el paro del campo.
–¡El paro terminó hace dos semanas!
–Ya me llega con aumento. No puedo hacer nada.
–¿Y ahora qué hago?
–Compre ahora, el mes que viene va a estar más cara todavía.

El cliente tiene ganas de indicarle al vendedor un recorrido y un destino groseros para esa leña carísima. Pero se resigna, está acostumbrado. Compra lo que le alcanza y sale a buscar la complicidad de la calle.
–¿Vio lo que sale la leña?
–¿Y la garrafa?
–¿Y el kilo de pollo?
–Todo se fue a la m…

Pasa un camión que con el ruido del motor tapa la última palabra de la vecina. En el camión va la carne para un restaurante cuyo menú ya no tiene los precios impresos.
–¿Por qué no sale el precio del bife de chorizo?
–La última vez que encargamos un menú cambiaron los precios mientras la carta estaba en la imprenta.
–No me diga…
–Y sí. Se fue todo a la m…

El sonidista del restaurante sube el volumen de la música y no se alcanza a escuchar lo que dice el mozo. El sonidista quiere escuchar un disco que acaba de bajar de Internet. Ya no compra discos originales.
–¿Vio lo que sale un disco original?
–¿Y un libro?
–¿Y una entrada al cine?
–Y, todo se fue a la m…

Un vendedor ambulante pasa anunciando a los gritos una oferta de frutas y no se alcanza a escuchar la última frase del amigo del sonidista. El vendedor grita:
–¡Seis pesos la naranja!
–Oiga, lo vengo siguiendo y en la cuadra anterior el kilo de naranja costaba cinco pesos.
–Es por el paro del campo…
–¿Qué tiene que ver?
–Escuche la radio, señora. Todo se fue a la m…

Un auto toca la bocina justo cuando el vendedor ambulante está por decir la última palabra. En el auto va un economista y en el asiento del acompañante lleva un suplemento que le pone palabras difíciles a una sensación generalizada. Porcentajes, índices, coeficientes: el economista se ríe de que el suplemento que anuncia una inflación del 1,1 por ciento aumentó su propio precio más de un 10 por ciento.
–¿Viste lo que cuesta el diario?
–¿Y las pilas?
–¿Y los pasajes en avión?
–Todo se fue a la m…

Un policía de tránsito toca el silbato y no le permite al economista escuchar lo que dice su amigo. El policía le hace señas de que deje de hablar por el celular mientras va manejando y el economista interrumpe la llamada. El policía de tránsito saca la libreta y comienza a labrar el acta, pero la lapicera se le queda sin tinta. Camina hasta una librería y pide una birome, algo barato.
–Dos pesos.
–¿Qué?
–Dos pesos.
–Valía uno. ¿Aumentó el doble?
–Y… el paro del campo…
–¿Qué tiene que ver el paro del campo con las biromes?
–No sé. Pero todo se fue a la m…

Una bomba de estruendo interrumpe la conversación. Es una marcha de empleados de algo, que reclaman un aumento de sueldo. La columna avanza con convicción, aunque esa que sonó es la única bomba de estruendo que tiran.
–¡Tirate otra bomba, Cacho!
–No hay má’.
–¿Cómo que no hay más?
–¿Viste lo que sale una bomba de estruendo?
–No tengo la menor idea.
–Ya no alcanza ni para protestar porque ya no alcanza.
–Todo se fue a la m…

Miércoles. Tres de la tarde. Las cosas están 24 horas más caras que ayer, y 24 horas más baratas que mañana. Sólo se puede planificar una bronca, alguna decepción. Cosas que no tienen precio.

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9 comentarios

  1. Para todo lo demas, existe MasterK…
    Pero ojo, que son nacionales y populares.
    Abrazo lleno de pelos.

    L


  2. Linda nota, la leí justo hoy en el laburo porque me llamó la atención el dibujo de la gorda.
    El paro del campo afectó también el precio de las bombachas, hoy me quisieron cobrar una 45 pesos. Eso que soy menudita.


  3. Muy muy bueno lo del domingo.

    Hoy caí en cuenta que las Surtido Bagley valían 4 pesos…

    4 pesos!!! y eso que no me estaban apuntando ni nada parecido.

    Que descaro!

    Saludos!


  4. y tiene efecto onda expansiva, porque acá me cobran todos los meses unos euros más las puñeteras pastillas…


  5. “Ya no tengo estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo”.

    CLAUDIO DIAZ RENUNCIA A CLARÍN DESPUES DE SUFRIR “APRIETES” DEL DIARIO POR SUS DECLARACIONES.
    Autor de “Manual del Antiperonismo Ilustrado”, Díaz renunció al diario Clarín por “aprietes” sufridos a raíz de sus declaraciones a la revista Veintitrés
    “Me voy avergonzado de la conducta de quienes deberían honrar el trabajo periodístico y no lo hacen”.

    Porqué renuncié a CLARIN
    Por Claudio Diaz
    Este viernes será mi último día de trabajo en el querido Zonal Morón / Ituzaingó. He tomado la decisión de renunciar al cargo de redactor que ejer. y, como es de rigor en estos casos, quiero despedirme de los amigos que gané durante mis 7 años de permanencia en el diario y de los buenos compañeros con los que compartí muchas tardes entretenidas.

    Pero no quiero irme sin antes explicarles, a ustedes y también a quienes ocupan los cargos jerárquicos de esta empresa, los motivos de mi retiro. A fines de marzo la revista Veintitrés me pidió una opinión sobre el rol que cumplen los medios periodísticos y algunos intelectuales en la elaboración del discurso político actual.

    Yo efectué una dura crítica a lo que se da en llamar el Grupo Clarín y acentué, particularmente, lo que a mi criterio había sido una clara manipulación informativa durante la cobertura del conflicto Gobierno vs. Campo, tanto por parte del diario como de Canal 13 y TN. En este caso no hice más que expresar, libremente, la vergüenza que me provocó -como periodista pero también como simple ciudadano- el ejercicio “periodístico” del Planeta Clarín y sus satélites.

    La reacción por parte de la empresa, como es de suponer, fue inmediata. Y hasta la consideré razonable. Es más: A uno de los colegas aludidos, Julio Blanck, le dí explicaciones acerca de por qué yo lo incluía en una lista de hombres de prensa que -desde mi punto de vista- sostienen un discurso “progresista” pero le terminan haciendo el juego al llamado establishment.
    Hasta ahí todo bien. Lo que siguió después es distinto. Las autoridades editoriales (en este momento no se me ocurre otro término) le comunicaron a mis jefes que “de ahora en más” dejara de escribir la página 3 del Zonal (que se supone es la más “importante”) y que me limitara a hacer -es textual- “notas blandas”. Una estupidez, realmente. Pero pocas horas después se emitió otra orden: Que no se me autorizara a tomar la totalidad de días de vacaciones adeudados, que había pedido para esta semana. No dieron argumento alguno para justificar la negativa.

    La verdad es que por ninguno de estos 2 castigos tendría que haberme hecho mala sangre. Sin embargo, dije “basta” y tomé la decisión de no seguir adelante con mi trabajo en el Zonal, harto del doble discurso de este diario, de su hipocresía, de pontificar en sus editoriales y notas de opinión una cosa para después hacer otra. Es tanta la repugnancia que sentí por quienes posan como adalides de la libertad de expresión que me dije a mi mismo: “hasta aquí llegué”.

    Quiero decir: Hace más de 20 años que ejerzo el oficio de periodista; conozco perfectamente los condicionamientos que nos ponen para atenuar o directamente diluir nuestra vocación de contar y decir las cosas como uno cree que son, aun a riesgo de equivocarse. En fin, en casi todos lados he comprobado (eso tan viejo pero siempre vigente) que una cosa es la libertad de prensa y otra la libertad de empresa.

    Pero lo que viví en Clarín en los últimos tiempos superó todo… Gracias a Dios ¡Todavía tengo vergüenza! Pero lo que ya no tengo es estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo. A esta altura ya no puedo soportar tanto cinismo. Como cuando desde un título o una nota se insiste en que no decrece el nivel del trabajo en negro y las condiciones laborales son cada vez más precarias, siendo que en todas las redacciones del Grupo Clarín se emplea a pasantes a los que se los explota de manera desvergonzada, obligándolos a hacer tareas de redactor por la misma paga que recibe un cadete, sin obra social ni vacaciones.

    Es el mismo cinismo de despotricar contra la desocupación al tiempo que se lanzan a la calle nuevos productos sin contratar a trabajadores, duplicando y hasta triplicando el horario de los que ya están dentro de la maquinaria. Es el mismo cinismo de presionar a redactores para que se conviertan en editores, bajo la promesa (falsa) de que “algún día” se les reconocerá la diferencia salarial.

    Si, como se sostiene el martes 15 en la cotidiana carta del editor al lector, “son los medios y los periodistas los que deben regularse y actuar con responsabilidad democrática”, pues bien Sr. Kirschbaum, yo empiezo por esa tarea. Porque si Clarín tanto se rasga las vestiduras asegurando que respeta la libertad de expresión ¿Por qué sanciona a un periodista que vierte, ejercitando esa libertad de pensamiento, una opinión? Tengo otras cosas para decirle a Ud. y a quienes lo secundan (si es que a esta altura todavía están leyendo…): La demonización que practica el diario a través de un “inocente” semáforo que cumple la misión de dividir al mundo en ángeles y demonios (según el interés ideológico o comercial del Grupo), ha llegado al nivel de un verdadero pasquín que nada tiene que envidiarle a las publicaciones partidarias. Es peor todavía, porque éstas tienen la honestidad de reconocerse como expresiones de un Partido Político o de un espacio Ideológico.

    En cambio, Clarín se imprime bajo el infame rótulo de periodismo independiente… En pos de engrosar la cuenta bancaria se ha perdido todo decoro. Da la sensación de que los que se llaman periodistas o columnistas ya ni sienten un mínimo de pudor por haberse convertido en contadores del negocio mediático, desvividos por saber cuánto dinero ingresa a las arcas; lo único que les falta es salir con el camión de Juncadella.

    Digo esto porque ha sido patética, en la misma carta del editor del martes 15, la reacción editorial contra otros medios periodísticos competidores que estarían atreviéndose a morder un pedazo del queso que el Grupo quiere deglutirse, como de costumbre, solito y solo, calificando a aquellos de miserables, travestidos y miembros de una jauría. ¡Después cuestionan a D’Elía o a Moyano por las palabras “ofensivas” que lanzan contra el periodismo independiente y democrático!

    La mayoría de quienes me conocen saben de mi simpatía y hasta cierta militancia por el Peronismo. Pero también saben que no me une ningún tipo de relación con el Gobierno, ni con su tan temido Observatorio de Medios, ni con los Jóvenes de La Cámpora. La aclaración vale para que estén tranquilos y no piensen que durante estos 7 años fui un agente infiltrado en el Zonal Morón. Simplemente amo el trabajo periodístico, tengo pensamiento propio (aunque, qué le vamos a hacer…: no es el políticamente correcto) y un compromiso de honrar mi oficio.

    A Ricardo Kirschbaum, a Ricardo Roa y a tantos otros que mandan les digo que estoy preparado para asumir lo que venga, porque no me extrañaría que las redacciones de otros medios empiecen a recibir llamados telefónicos pidiendo que se me prohíba trabajar de lo que soy. Tan libre me siento, tan espiritualmente íntegro de poderles decir lo que les digo (aunque les resbale), que ya no me importa si la larga mano del Grupo le pone candado a mi futuro para no dejarme otra opción que trabajar como remisero o repositor de supermercado.

    Me voy orgulloso de haber seguido aprendiendo lo que es vocación, oficio, dignidad y ejercicio responsable del buen periodismo. Que me lo dieron los jefes de los zonales y un montón de amigos y compañeros a quienes no voy a nombrar para evitarles quedar marcados por mi cercanía afectiva. Me voy avergonzado de la conducta de quienes deberían honrar el trabajo periodístico y no lo hacen.


  6. MIERDA, todo se fue a la mierda…
    (perdón, alguien tenía que decirlo con todas las letras de una vez)


  7. Vos tendrías que escribir en el suplemento de economía.


  8. Bueno… oyom es gratis che.
    (quisimos cobrarla y nos mandaron a la m…)

    Saludos
    Oyom


  9. ¿Pusieron la carta de García para que me sienta mal por trabajar en el Grupo Clarín?

    Funcionó.



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