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María / Parte 6

junio 11, 2008

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Leí algunos cuentos en inglés, sobre la cama de Marie. Yo le llevaba el libro de cuentos en español: comentamos, desnudos y gloriosos, los extraordinarios giros que Alice Munro escribe sin ninguna marca extraordinaria. Marie tenía el único aroma de un shampoo: no usaba ninguna otra loción en el cuerpo, y su sudor era inodoro e insípido, gotas de agua que hacían leve el cuerpo del que nacían, como si Marie estuviera hecha de alguna materia parecida a la de las nubes de tormenta. No separamos nuestros cuerpos hasta que le pedí, 32 horas después, que me preste la computadora para escribir cien veces el nombre de María.

Marcos me llamó para saber cómo me había ido. Le conté los detalles que podrían interesarle: Marie tiene conocimientos de sexo oral que me han sorprendido por sus posibilidades, y es dueña de un culo formidable, generoso, caliente. Y habla en francés.
–Sin embargo estoy escribiendo cien veces el nombre de María.
–Eso es porque sos un pelotudo.

Entonces me convierto en un árbol petrificado. Miro a Marie caminar desnuda por su casa, me detengo en los pocos detalles imperfectos de su cuerpo. Su preocupación por mí se ha traducido, además de la serie imposible de gestos amables en la cama, en una compilación de objetos comprados: un libro imposible, pan lactal, fiambres, queso untable y una botella de Beefeater. Me ha estudiado: logró resumirme en una naturaleza muerta que espera en la mesa que dejemos de coger. Soy un árbol petrificado y Marie se posa en algunas de mis ramas más frágiles. No podría sostenerla más allá de este fin de semana.

Marcos me dejó guardar el auto en su cochera. Cuando vuelvo a Córdoba, hago tiempo en un bar para no despertarlo a la madrugada. En el bar leo las noticias y me detengo, por casualidad, en la triste página de fotos sociales. Hay una foto de María en la inauguración de una tienda de objetos tecnológicos. La abrazan sus amigos y su novia, pero en el pie de foto no se asignan roles, sólo hay nombres, y ningún otro comienza con M. En la foto se ven dos de los lunares que María tiene en el pecho. La mano de la novia tapa el tercero. Tienen cara de haber bebido apenas más allá del punto exacto que divide la elegancia de la exuberancia. Mi ropa aún huele al shampoo de una mujer que se llama parecido a todas las mujeres que ahora son María bajo el brazo de una novia ebria y feliz.

Quiero rehacer la lógica de esta sensación: la foto no me entristece ni me provoca nada de aquello para lo que una educación sentimental forjada en historias simples y trágicas me ha preparado. Entonces soy lo contrario de un árbol petrificado, tomo el teléfono celular y llamo a María, la despierto, despierto a su novia, tras su voz áspera se oyen los ruidos desgraciados del departamento.

–¿Qué pasa?
–Estoy a dos cuadras de tu casa, frente a una plaza con hamacas. 
–Son las siete de la mañana… ¿qué te pasa?
–No sé. La mayor parte de mi vida transcurre tal como me gustaría escribirla, y no como me gustaría vivirla. Me gustaría escribir que te invité a hamacarnos una mañana antes de que te cases.
–Me caso el mes que viene.
–Bueno. Pruebo otro día, entonces.

Probablemente haya sido la conversación más estúpida que tuve. Pero me convenzo de que eso ya no importa. Voy a buscar el auto, saludo a Marcos y manejo a la oficina. Me gustaría escribir que acelero, que logro desdibujar los contornos del resto de los autos, que en el fragor de la carrera las huellas de las ruedas quieren dibujar la espalda de María pero dibujan la de Marie. Una canción de PJ Harvey que se llama This mess we’re in me hace llorar y freno. Una superposición de planos se resuelve en el horizonte interrumpido de la avenida Colón. Edificios habitados por mujeres que se llaman María se desploman y se incendian y se vuelven a levantar. El deseo y el amor son ahora por fin una forma de silencio, pero al mismo tiempo la música está tan fuerte que no escucho el teléfono celular. Cuando llego al trabajo veo en la pantalla que el aparato ha registrado seis llamadas perdidas. Cinco son de Marie. La otra es un número canadiense.

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4 comentarios

  1. hola emanuel
    antes que nada muy bueno lo que lei aca en tu blog
    segundo
    invitote a leer

    http://www.ruletachina.com

    gracias
    un abrazo!


  2. “La abrazan sus amigos y su novia” calculo debe ser “La abrazan sus amigos y su novio”


  3. Nop.


  4. Entonces no entiendo a quién la abrazan 😦



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