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Señales / The Tejerina Brothers

julio 28, 2008

Publicado el domingo 27 en La Voz del Interior

La mejor manera de chocar es por azar, sin culpas, sin premeditación. Caminar por la peatonal y paf: un bumerán y una encuadernación austera de hojas mal impresas. La colección Borradores que dirige, imprime y distribuye Lucas Tejerina es un accidente recomendable, un choque óptimo. Lucas vende bumeranes artesanales y reparte cuadernos de poesía y narrativa estéticamente feos por decisión, por toma de posición frente al mercado. No es una fealdad ingenua, amateur. Nunca sabremos si la búsqueda de esa fealdad la precede o es una excusa ante los resultados, pero el resultado tiene la potencia de un arma de caza de mano. Dice el editor: “El papel es berreta, el diseño inexistente, la calidad de la impresión es proporcional a las ganas del fotocopiador. No importa”. Y sigue: “Este soporte precario, que no se regodea en su condición, es una toma de posición ante el fetichismo del libro”. Tejerina ya había probado que le sale bien, muy bien, jugar a hacer cosas intrascendentes: los cuadernitos Escritos cuarteteros y Automotrices (que también, después, fue editado por La Creciente como un pequeño librito, de edición un poco más cuidada), repartidos en bici entre 2006 y 2007, guardan momentos de gloriosa, brutal felicidad. Ahora le puso nombre a su microemprendimiento sin fines de lucro y abrió el juego a los que quieran sumarse a este “acento sobre el texto en sí”: ni blog, ni libro-objeto, ni agregados multimedia, ni papel reciclado en las tapas, lo que Tejerina propone es el texto desnudo, afeado por las manchas de un papel barato. En ese desierto de diseño, ¿qué literatura se la banca, qué literatura soporta, solita mi alma, ese soporte exiguo? La mejor manera de chocar es por azar, y estos cuadernos circulan, andan por ahí, en una ciudad indiferente. Un accidente fortuito los puede poner frente a tu cara. No evites ese choque. (¿Más info? belvil1@hotmail.com).

Gramática y homicidio. Hernán Tejerina es uno de los hermanos también pelados de Lucas. Pero no es tanto la familia lo que los une en la colección Borradores como una especie de ética compartida en torno de la literatura, el ciclismo, los viajes, la política y la potencia estética de la supervivencia. Hernán ganó el Premio Municipal de Literatura Luis de Tejeda 2007 con el cuento que publica en esta colección de fotocopias infames. Y no lo menciona. El cuadernillo aprieta mal nueve cuentos mejores que cualquier otra colección local publicada por los sellos grandes y chicos este año. Suena exagerado, pero también suena bien y puedo defender la tesis contra todos menos contra Hernán, que tendrá argumentos indiscutibles: uno de los mejores libros de cuentos de este año se publicó fotocopiado, feo, gratis, y abrochado con la fragilidad de un alambrito. Son cuentos de autoflagelación trágica (“…mis ambiciones excedieron el talento y la constancia que se requería para perpetrarlas”, o en el apocalíptico cuento Construcción de la Lengua: “Vivimos solos, cultivamos el olvido del fuego y ejercemos la gramática y el homicidio”), pero acaso la lucidez no deje oportunidades ni espacios grises: se es trágico o se es imbécil. Hernán Tejerina sabe, por lo menos, elegir.

El amor es campo. “El dolor es líquido,/ el placer es aéreo,/ la alegría es sólida”, dice uno de los poemas del borrador que Lucas Tejerina reparte en su bicicleta mientras les niega los tobillos a los perros. Y concluye: “El amor es campo”. Poeta demasiado simpático para ser maldito, demasiado trágico para ser moderno, y acaso muy terco para ser poeta. Campo –tenete un título– agrupa poemas sin escuela, una literatura que no se parece a nada de lo que se publica actualmente en Córdoba. Una extraña rebeldía hecha de derrotas, la agonía de un pelado en bicicleta, el oscuro humorismo de un paisaje trágico. La poesía de Lucas Tejerina parece haber aprendido, de los bumeranes que él mismo fabrica, un viaje de regreso, y es la poesía de un viajero que sabe que pase lo que pase el destino es la nada: “Este traslado no era un ir/ estamos regresando/ a lugar ninguno./ Si algo queda en pie/ apresúrate por verlo”, dice, antes de concluir el libro. Y remata: “El origen es sordo/ y mudo./ mañana será ciego”. ¿Es posible un nihilismo de izquierda? Bueno, en esa imposibilidad parece residir el encanto decadente, irónico, de este cuadernito: “Salvo el perro/ atado al tacho de 200 litros,/ todo es mentira”, escribe Lucas en el primero de los poemas, que es una advertencia inútil, un cartel de peligro en una ruta desierta, por la que pasa apenas, solita mi alma, una serpiente.

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6 comentarios

  1. qué lindo, qué lindísimo. lucas+la nota
    salu2.


  2. bellisima crónica, sólo los que hurgan pueden lograrlo.


  3. Uf, qué buena idea escribir sobre esto. Hernán creo que está en la plata o el oro de los cuentistas de esta ciudad. El mejor libro de La Creciente es el de Lucas. El poema 11 del libro automotrices es perfecto. Racimos y racimos de poetas famosos intentan hacer algo así y todavía no pueden.
    Pero lo mejor es que están ahí, entre nosotros, nos vigilan, y se ríen: joden entre ellos, parecen indestructibles. Salute!


  4. yo quiero, mandame cuadernitos, mandame…


  5. estaria bueno contactarnos!.. rincona


  6. yo tambien soy pelado y tejerina.
    Como los puedo conocer?
    LES DESEO FELICES FIESTAS



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