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Morir en Córdoba

agosto 5, 2008
Foto de Daniel Cáceres

Foto de Daniel Cáceres para Clarín

Ayer en el España Córdoba la guatemalteca Regina José Galindo se sometió a una anestesia general, y su cuerpo quedó tendido,desnudo, sobre una camilla de morgue. La instalación se llamó “Rconocimiento de un  cuerpo”.

El Demián Orosz le hizo una gran entrevista para La Voz, antes.

Yo hice lo que pude, para Clarín, después.

Esto pasó en Córdoba. Estuvo bueno.

LAS NOTAS

LA DEL DEMI

Un arte en carne propia

Esta tarde, la guatemalteca Regina José Galindo realizará en Córdoba la acción artística “Reconocimiento de un cuerpo”. Una performance de contenido político vinculada a la dramática historia latinoamericana.

Demián Orosz
De nuestra Redacción
dorosz@lavozdelinterior.com.ar

Golpes, gemidos, sangre, intervenciones quirúrgicas, una sesión de lucha libre. También pedacitos de papel con poemas esparcidos en el viento. Todo eso puede ser y de todo eso se sirve el arte de Regina José Galindo, la artista guatemalteca que en 2005 ganó el León de Oro en la Bienal de Venecia y que hoy protagonizará una performance en Córdoba.

Experimentar en carne propia situaciones de encierro, limitación, padecimiento o exclusión es una de las vías transitadas por la “accionista”, en un arco que va desde el crudo realismo a registros de mayor sutileza. La acción de esta tarde, en el Centro Cultural España Córdoba (Entre Ríos 40), es una apuesta de alto impacto.

La performance se denomina Reconocimiento de un cuerpo: el público ingresará a un espacio que simulará una morgue y allí, sobre una camilla, Regina permanecerá inconsciente, cubierta por una sábana.

La “obra” que la artista ideó especialmente para Córdoba busca sin duda establecer un vínculo con la historia reciente de la Argentina, con temáticas como las desapariciones que instrumentó la última dictadura militar, pero también aspira a producir una reflexión más amplia en el contexto latinoamericano sobre la práctica de sustraer cuerpos y borrar las huellas.

“Pensé en hacer una pieza en la que pudieran encontrarse ambos contextos –explica Regina Galindo–, el sitio donde realizaré la acción y el sitio de donde vengo. La historia de muchos países latinoamericanos es similar. En la Argentina utilizaban el Río de la Plata, en Guatemala el Volcán de Pacaya. La pieza requiere la participación del público, he supuesto que es un gesto familiar para ambos”.

Poner el cuerpo. El arte es algo que sucede en los basureros, en las veredas, en las plazas. Es algo que se mimetiza con la vida cotidiana y al mismo tiempo se distancia para revelar dimensiones inadvertidas. Regina Galindo se ha movido con notable fuerza (y valentía, lo cual no es frecuente ni bien visto por todos) por esta senda del arte contemporáneo, a través de acciones que desafían su propia resistencia y la de los espectadores.

A menudo se la ve poniendo el cuerpo en performances que prueban los límites de su carne y sus emociones, aunque ella desmitifica el grado de exposición: “Es que mi trabajo no es un riesgo –señala–. No soy policía, o guardaespaldas, soy artista”.

Ser artista ha implicado para Regina hacerse rociar violentamente con una manguera anti motines en una pieza llamada Limpieza social, lapidarse, transformar un espacio de exposición en una celda de aislamiento, raparse y recorrer desnuda las calles de Venecia, permanecer colgada de una red. En todos los casos, las situaciones extremas a las que se somete no buscan sobreactuar originalidad o escandalizar al espectador desprevenido, sino prender la luz de emergencia sobre hechos de racismo, violencia, misoginia o terror. Un arte político. Un arte de denuncia con todas las letras. Mejor, con todo el cuerpo.

Una de sus acciones más conocidas fue realizada en 1999 y está entre las más poéticas que llevó a cabo. Quiero tirarlo al viento consistió en suspenderse con un arnés del Arco de Correos en pleno centro de Guatemala, mientras leía sus poemas y soltaba los papeles al aire.

Después vinieron performances menos líricas, en las que la fragilidad aparente de Regina se ponía a prueba en acciones que buscan sacudir la conciencia. Se sometió a una himenoplastia (operación reconstructiva del himen) para alertar sobre esa práctica, muy extendida en algunas sociedades con el fin de restaurar la virginidad femenina y que está directamente vinculada a episodios de explotación sexual. Un video de esa cirugía fue parte del envío por el que obtuvo el León de Oro en Venecia.

Otras intervenciones fueron hacerse arrojar dentro de una bolsa plástica en el basurero municipal de Guatemala, contratar a una luchadora profesional para un combate en clara desventaja, o pedirle a un cirujano plástico que dibujara en su cuerpo con un marcador los supuestos “defectos” que deberían corregirse en su anatomía, según los cánones de belleza que llevan a miles de personas a inmolarse en el altar de la estética.

El video de Confesión es uno de los más conmocionantes: un hombre encargado de martirizarla la toma repetidas veces de la cabeza y la sumerge en un tacho con agua, durante una extenuante sesión de tortura que en la jerga policial se conoce como “submarino”.

No se trata masoquismo o perversión. Se trata de reproducir experiencias que van de la incomodidad al dolor e incluso la auto humillación, pero con el fin de sacar a luz el escándalo que deberían suponer los diversos grados de violencia que se ejercen sobre las personas. Como ha señalado la crítica española Rosa Olivares, Regina Galindo pone el cuerpo para denunciar las agresiones al cuerpo social.

Más allá del escándalo
–¿Te preocupa la “eficacia” de tus acciones? ¿Cómo la evaluás?

–Una acción hecha, hecha está. No siempre lo que se tiene en la mente es el resultado. Siempre, después de finalizar una pieza y posteriormente, se piensa en ella. Eficacia… no sé, no termino de entender cómo una pieza puede ser eficiente. ¿Para quién? ¿Qué puede hacer una pieza de arte?

–Aunque el fin de tus performances no sea la provocación por la provocación en sí misma, da la impresión de que la fuerza del impacto o el grado de conmoción en el espectador está directamente relacionado con el objetivo de transmitir algo y mover a la reflexión…

–Pues no lo creo, cada pieza debería de sustentarse por otra cosa. No por la reacción que provoque en el público. Se debería querer estar alejado del escándalo, que deja poco espacio para un análisis más interesante.

–¿Te preocupa que una acción pueda volverse “invisible”, ya sea porque no pueda ser comprendida de ningún modo por espectadores no habituados, en cuyo caso a lo sumo generaría indiferencia, o bien que salte sin escalas al plano del escándalo?

–No, eso y cualquier otro tipo de reacción puede ser tomada por el público o por cualquier otro espectador, sea del circuito del arte o no. Una pieza en cuanto existe no puede ser invisible.

–Muchas de tus acciones son impactantes, pero en particular lo es el video de “Confesión”. ¿Esa acción tuvo un grado de actuación, o estabas librada a lo que hiciera tu torturador?

-He trabajado varias piezas en donde es “otro” el que realiza la acción sobre mí. Muy interesante, porque la pieza depende de ese otro que es un voluntario. Yo doy instrucciones, pero no se actúa, se hace.

–Declaraste en una oportunidad que tenías la certeza de que el arte no cambia el mundo. ¿Por qué hacés un arte de estas características si no tenés esperanza de modificar nada?

–Es mi trabajo. Me siento cómoda durante el proceso de generar ideas, proyectos. Soy artista, es lo que por ahora tengo definido en mi vida. Trabajo con mi contexto pero éste no puede modificarse. No me parece que el arte sea un trabajo altruista. Si lo que se quiere es salvar el mundo, hay que hacer otra cosa.

http://www.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=227802

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La otra

Una obra de arte que consiste en “morir” y ser reconocida

Por: Emanuel Rodríguez
Fuente: CORDOBA. ESPECIAL

Sobre una camilla, Regina José Galindo yace inconciente, cubierta por una sábana. Los espectadores se aproximan y repiten un gesto: levantan la sábana y reconocen un cuerpo muerto.

Con su foco en el método y el ritual, la performance de la artista guatemalteca dice algo sobre la relación entre una sociedad y sus muertes, una correspondencia que en la Argentina y en Guatemala se establece sobre el pilar de la violencia. La obra es impactante. Austera, terrible y trágica, la instalación genera en el público cordobés un silencio demoledor dentro de la sala, y un fárrago de opiniones encontradas en el patio del Centro Cultural España Córdoba.

Unas 150 personas asistieron anoche a Reconocimiento de un cuerpo, una performance que consta apenas de un cuerpo sobre una camilla de morgue, y una historia de revuelo mediático.

Acaso muchos de los que hicieron la fila para ingresar a la sala del CCEC se hayan acercado por el impacto que rodea a la producción de Regina, algo que a la centroamericana le preocupa: “Cuando el impacto está en primer plano y se quita el espacio para la reflexión, todo se olvida demasiado rápido”, dijo a Clarín, dos horas antes de ser anestesiada por un profesional y caer dormida.

La gente avanza hacia la camilla, murmura, se detiene. Siguen los susurros hasta que alguien toma coraje y se aproxima, levanta la sábana, explora el cuerpo desnudo.

Para esta instalación, Regina quiso desarrollar “una simbiosis entre el lugar al que estoy viniendo y el lugar del que provengo, porque tenemos historias, raíces, problemáticas similares”. Galindo provoca: “Es una acción muy simple, sumamente pasiva. En Latinoamérica, la gente, al ver un cuerpo cubierto, sabe inmediatamente lo que tiene que hacer”.

Más tarde, muchos no saben qué hacer, y la perplejidad se adueña de la sala. La artista está allí, frágil, a merced de su obra. Y su obra, en parte, es el público.

“Posiblemente para Argentina la obra tenga un tinte 100% político, pero si tú lo haces en Guatamala, la obra te habla del día a día. ¿Qué familia guatemalteca no ha tenido que reconocer cuerpos? Si hay 30 muertos al día.”, explica Regina, una mujer breve sin intenciones de cambiar el mundo: “Yo no creo que el arte sirva en realidad para nada. Sería poco ético decir que estoy tratando de colaborar a un movimiento de reflexión o de conciencia. ¿Qué trabajo hay más egocéntrico que el del artista?”.

¿Desentendida de la sociedad? No: “Claro que soy una artista comprometida”, dice Regina. “Pero conmigo misma. Soy artista y como artista soy libre, no estoy atada de manos hacia una ideología. Soy generación X, yo no creo en nada ni aspiro a nada, hago esto porque es lo que me nace”.

Una especie de nihilismo sensible parece alimentar el espíritu de la artista, que admite que su preocupación social le resulta, también, inevitable: “Una vive en medio de un caos y es muy difícil alejarse de ese contexto”.

Cuando termina la entrevista llega el cuerpo médico que se encargará de sedarla: Regina ingresa entonces a una zona ambigua: es una viva muerta, y su cuerpo ingresa al terreno de los límites: “No soy una loca. El otro tiene cierto poder, pero sé que el otro no me va a matar en plena acción, es una realidad paralela, el arte siempre es esa línea intermedia”.

Una pregunta recorre los pasillos del CCEC: “¿Esto es arte?”. Regina tiene una respuesta: “El que define qué es arte y qué no es arte es el artista, no el público. Y el tiempo: tienes que morir para que estas cosas se legitimen o no. Mientras tanto, si yo pienso que esto es arte, lo es”.

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5 comentarios

  1. “En Latinoamérica, la gente, al ver un cuerpo cubierto, sabe inmediatamente lo que tiene que hacer”. Yo no sabría, pero siento que tiene razón. Es lo que me pasa cuando hablo o escucho hablar de latinoamérica. Es eso y lo contrario de eso a la vez. Lindo dato el de Galindo, me colgué viendo algunas cosas de ella. Abrazo.


  2. Nunca me entero de estas cosas ¬¬. Por experiencia hospitalaria, es muy fuerte llevar a una persona inconciente en una camilla, y mucho más a una que ‘ta inconciente del todo, todo, asi que medio que tengo una idea de lo que se debe haber sentido estar parado ahí con alguien que está pero que no está.

    Aunque nunca llegué a levantar la sábana, eso sí. Mi curiosidad no daba para tanto.

    Saludos, Ema!


  3. Marta Minujín es un referente de los que se pasan de rosca con cloroformo.


  4. voy a anotar, sería bueno verlo por acá…


  5. estuvo muy bueno presenciar la acción de regina galindo.



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