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Federico Jeanmaire

septiembre 25, 2008
Publicado hoy en La Voz del Interior

Experimentos sentimentales

Vida interior, por Federico Jeanmaire,
Editorial Emecé, Buenos Aires,
2008, 240 páginas. 

 

El amor es abismo. Federico Jeanmaire hizo estallar en dos partes su carrera literaria cuando publicó Papá, la primera de sus novelas en la que se permitió un coqueteo con lo autobiográfico. A partir de ese libro, Jeanmaire parece haber descubierto un abanico de posibilidades para su particular estilo narrativo, hijo de tradiciones hispanohablantes más o menos hegemónicas en el Río de la Plata (Cervantes, Sarmiento), de su afinidad intelectual y afectiva con el Quijote, y de la lengua popular. Los registros orales, las conversaciones de bar, los pliegues cotidianos de la lengua son las herramientas con las que Federico Jeanmaire termina de moldear un idioma que maneja con erudición pero sin solemnidad. 

En Vida interior, esa técnica exquisita se vuelve un abismo sobre las posibilidades narrativas de un monólogo interior, una introspección estilística que emula el viaje que el protagonista de la historia emprende desde el comienzo de la anécdota. En ese juego de espejos entre lo que busca el protagonista y lo que busca el escritor, en ese movimiento que parece jugar todo el tiempo a la invención de un lengua adecuada a la expresión de sentimientos encontrados, Vida interior revela su inquietante poder de atracción. 

Un hombre al cuidado de su novia enferma, bebe ron en el balcón de un hotel, a veces sale de la habitación en busca de medicinas y recorre una ciudad mejicana. La anécdota no es mucho más que eso, y sin embargo la aventura del protagonista tiene todos los condimentos de un policial intenso, negro, erótico. 

Oraciones largas en el comienzo de los párrafos, oraciones cortas al final: la sintaxis también refleja la pesquisa, la búsqueda en la que un idioma y un hombre definen su indefinición. En ese contexto, la experimentación con la intimidad es también un juego de riesgo con el error: el protagonista toma una decisión cobarde, abiertamente errada, mientras el lenguaje de la novela se permite cambios bruscos de persona narrativa o incoherencias de tiempo verbal en algunas oraciones. Da la sensación de que Jeanmaire busca en el lenguaje la autenticidad que su protagonista busca en los abismos de su corazón, una autenticidad que no elude la parte rancia de lo que somos, las contradicciones inevitables, todas las posibilidades imperfectas que se abren en una situación límite. 

Vida interior es una novela rara, como raras han sido casi todas las ficciones de Jeanmaire desde que decidió experimentar narrativamente con los sentimientos. La “vida interior” del título es una búsqueda, el viaje de un hombre frente al precipicio de sus emociones, frente a una ciudad ajena, una mujer extranjera (que es nombrada como Finlandia, su país, o sea otro país, otro mundo, y también el fin de la tierra, el comienzo del precipicio) y frente a su biografía afectiva. Y la búsqueda de un escritor que juega con su propia biografía, que juega a parecer autobiográfico, y que extrema ese juego hacia las dificultades de toda comunicación.

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